El Lute y Carles

El Lute y Carles
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Todavía recuerdo como a principios de los setenta, durante varias semanas,  en mi pueblo hubo nervios y preocupación. Se oía y comentaba que un peligroso delincuente podría estar escondido entre los montes próximos al río Cedena. Lo cierto es que en el cuartel de la Guardia Civil del pueblo había más movimiento de lo habitual.

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Aquel peligroso delincuente no era otro que Eleuterio Sánchez, más conocido como El Lute, el delincuente más buscado del final del franquismo y al que el propio franquismo se amarró para tapar las carencias de un régimen que languidecía.

El Lute cometió su primer delito con veinte años, robó tres gallinas para poder dar de comer a sus hijos en un barrio chabolista de Salamanca, le condenaron a seis meses de cárcel. Así entró en una espiral de delitos, cárcel y fugas, que le llevó a ser condenado a muerte. La pena capital le fue condonada por treinta años de cárcel.

Con la democracia recién estrenada, su vida dio un cambió de rumbo en prisión; comenzó a aprender a leer y escribir, con los años se licenció en Derecho y escribió varios libros. Todo ese esfuerzo y su comportamiento le valió para ser indultado por el gobierno de Calvo Sotelo en 1981.

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Nuestra democracia ha ido avanzando en derechos, pero aun hoy en día tenemos las cárceles llenas de personas que han delinquido, y tras sus pasos por ellas, se intentan reinsertan en la sociedad.

Aun así también tenemos prófugos de la justicia, como lo fue El Lute, cuando en un traslado al Puerto de Santa María saltó de un tren y se dio a la fuga.

Quizás, en estos días, el prófugo más conocido sea un tal Carles Puigdemont, quien  tuvo una fuga menos arriesgada y más cobarde que la de El Lute. El Carles, como dicen los catalanes,  presunto delincuente, pues la justicia aún no le ha podido hincar el diente, marchó del país en el maletero de un coche por miedo a ser detenido.

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Carles no era de origen merchero como El Lute, ni tenía problemas para poder alimentar a sus hijos, sus presuntos delitos, entre ellos el de malversación, utilizar de forma ilícita el dinero público, fueron cometidos por y para una causa bastante más superior y noble que dar de comer a tu familia: la independencia de Cataluña, saltándose, entre otras, la ley de leyes como es la Constitución, siendo como era el representante máximo del Estado en esa comunidad autónoma.

El Lute, que tuvo que sufrir la privación de libertad, se esforzó en formarse, en estudiar una carrera y sobre todo rencontrarse con la sociedad respetando la ley, para más tarde poder ser indultado.

A Puigdemont no le va a hacer falta nada de eso, él entra en esa clase privilegiada: la del político delincuente.

Carles ni siquiera va a tener que ganarse el indulto, como El Lute. A Carles y su séquito les van a conceder una amnistía, les borran sus delitos de una tacada, ya hemos dicho que es un privilegiado, simplemente porque a alguien le aprieta el zapato y necesita de Carles.

Dicen por ahí que si se aprueba la amnistía habrá un antes y un después en este país en lo relativo a la igualdad entre los ciudadanos y la separación de poderes, ya veremos, pero deberían preguntar a los miles de Eleuterios Sánchez que cumplen condena y se afanan en las cárceles día a día por reducir sus penas. A ellos solo les queda tomar como suyo el título de primer libro de El Lute: Camina o Revienta; a Carles le sirve con poner una firma. El siglo XIX no esta tan lejos.

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