Castilla Comunera

Castilla Comunera
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Que las diferencias entre las dos Castillas, la nueva y la viejuna, son muchas lo sabemos todos. La de allende del Sistema Central es más conservadora y menos dicharachera que la que baña el Tajo y el Guadiana, y eso se nota.

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A la histórica Castilla, esa en la que Toledo y Burgos rivalizaban por ser la prima voce en hablar en Cortes hasta que Alfonso XI sentenció: “Que hable Burgos, que yo hablaré por Toledo”.

La creación del actual Estado de las Autonomías seccionó territorios como la Castilla foramontana y marinera, la que tuvo almirantes y que hoy llaman Cantabria. También la privaron de seguir siendo Castilla a una parte de los territorios entre los ríos Tirón y  Oja de la comarca, hoy comunidad de La Rioja. Incluso en el corazón de las dos Castillas llego el afán de descomponer el antiguo reino, y hasta ese “gran villorrio” que es Madrid, como citó Unamuno, con sus siete estrellas formó comunidad propia.

¿Y qué fue de la Castilla nueva? Crearon un compendio de provincias, algunas con más vocación de castellana vieja que nueva, como Guadalajara, y otras más levantinas y murcianas como Albacete, y se inventaron un apellido: La Mancha. Y con el tiempo La Mancha se comió Castilla, y nuestra tierra empezó a perder su identidad castellana.

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El próximo 23 de abril es el aniversario de la derrota de las tropas comuneras en Villalar. El movimiento comunero considerado por muchos como la primera revolución liberal de Europa, por el cual las ciudades, es decir el pueblo, se resistió a perder sus derechos y no ser oídos en Cortes. ¿Y qué queda del sentimiento castellano y comunero en la llamada Castilla La Mancha? Nada o casi nada. No interesa. Una corona de laurel ante el monumento a Padilla en Toledo y poco más.

Nuestra Castilla ya no tiene procuradores, el nombre histórico de sus representantes en Cortes ahora es diputados regionales. Ni siquiera muchos conocen que ‘Junta de Comunidades’ viene de las comunidades castellanas constituidas por la revolución comunera. No existe una celebración regional que ensalce a Padilla y a todos aquellos que lucharon y murieron por la libertad, como las mujeres y niños que padecieron en el incendio de la iglesia de Mora en abril de 1521, mientras el día de la región es el 31 de mayo, significativo que se eligiera para ese día la conmemoración del 31 de mayo de 1983 por ser cuando se constituyeron las primeras Cortes de Castilla La Mancha, como si con ello quisieran romper con toda la historia anterior de esta tierra. Eso sí, como consolación nos queda El Quijote; hace tiempo me explicaron que la figura del hidalgo Alonso Quijano es la que vertebra la Comunidad, seguro que fue idea de algún publicista.

Mientras, es triste que existan en Castilla y León más calles dedicadas a Juan de Padilla que en Castilla La Mancha, o que en los colegios de la otra Castilla se enseñe que los toledanos fueron al auxilio de Segovia sitiada por Ronquillo y dicen aquello de: “Segovianos, segovianos somos gentes de Toledo con Padilla a la cabeza”.

Este año los castellanos del norte van a rendir homenaje ante el monolito de Villalar, a la ‘Leona de Castilla’, María Pacheco, una mujer empoderada, como se dice ahora, que siguió resistiendo pese a la ejecución de su marido. Aún está a tiempo Emiliano de aparecer por aquella campa que se regó con nuestra sangre castellana y reivindicar nuestra historia y de paso nuestra identidad, toda vez que defender lo nuestro también es defender nuestra historia, aunque sea en común con otras Comunidades.

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