miércoles, 20 octubre 2021

La Jara Alta

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2 de abril. Viernes Santo. Ir a medir esa vivienda no es lo que más me apetece hoy, pero los propietarios no podían acudir otro día. Me levanto pronto. El cielo está plomizo y parece que vaya a llover en cualquier momento. Espero que no. No hay nada más inconveniente para un metro láser que la lluvia. Llevaré la cinta métrica por si acaso. Me pongo en rumbo, arranco el coche y me dirijo hacia la zona de la Estrella.

A la Jara Alta.

Llevo viviendo a la orilla del Tajo más de 7 años y apenas he salido de la 502. Tengo que poner el GPS. El cacharro me lleva hasta la Nava del Ricomalillo y ya el paisaje ha cambiado por completo. Las visuales son más cortas y el terreno es más montañoso. Si miro por el retrovisor ya no veo Gredos. La voz me dice que tome una carretera estrecha y de un solo sentido, y yo me arrepiento de haber elegido esa ruta. Pero no podía estar más equivocado.

Al minuto veo un campo florecido, en el sentido más exuberante de la palabra. La vegetación invade puntualmente la carretera, pero no con ramas secas y punzantes, sino con tiernos brotes y manojos de flores. Parece como si alguien los hubiera colocado de manera estudiada. Jara y genista, blanco y amarillo hasta donde alcanzaba a ver. No me cruzo con nadie. Tras una curva, aparece el Río Huso, caudaloso a su paso por las ruinas del Molino del Álamo. Las plantas acuáticas, el cielo grisáceo y la vegetación hacen que me pregunte si sigo en la provincia de Toledo.

A los bordes del camino empiezan a aparecer muretes de pizarra. No puede ser de otra forma. El suelo de esta zona, al contrario de la zona de ribera, está formado por pizarras y cuarcitas. Por Talavera, barro cocido, en la Jara Alta, muros de roca mampuestos. Y no solo en muretes, sino en construcciones enteras que poco tienen que ver con las que se ven a solo 20 minutos de aquí. No en vano, la casa jareña es un tipo de residencia propia del lugar, aunque ya queden pocas.

Llego al lugar y me reciben con amabilidad. Una pequeña construcción de pizarra que quiere adaptarse a una nueva vida y a un nuevo tiempo. Les cuento lo que he visto en el camino, del valor que tiene y cómo habla del lugar, de su identidad. Conversamosde materiales, de construcción, de habitar un espacio que tiene la impronta del sitio y de la vinculación personal que tienen en el proyecto. La propuesta debe mantenerlos y potenciarlos. Estoy contento. Mido y no llueve.

Me despido. Me acompañan al coche y me recomiendan que vuelva por otra carretera. Desconecto el GPS y me pongo en marcha. De nuevo, a los pocos minutos, la vegetación de la Jara lo abarca todo. Llego de nuevo al Río Huso y decido detener el coche. Dedico unos minutos a contemplar en silencio. Sigo sin cruzarme con nadie. Hago un par de fotos y emprendo la marcha de nuevo.

Espero volver pronto.

Jesús Peco
Arquitecto y aparejador
www.jesuspeco.com

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