martes, 11 mayo 2021

Pedro Tenorio

Se acumulan los recuerdos, las conversaciones, las risas, las anécdotas, los gestos preclaros y las palabras inciertas. Veo dibujarse una sonrisa por todo lo vivido y una mueca extraña, llena de dolor y miedo, por lo mucho que he perdido.

El dolor por la muerte del amigo es un dolor egoísta. Nos duele lo que perdemos, nos duele su ausencia, nos duele no volver a disfrutar de momentos parecidos a los que forjaron esa amistad y ese cariño durante años y años. Nos quedamos mas solos y eso nos asusta.

Pedro Tenorio, primero profesor, luego maestro y para siempre amigo, es de esas personas que miran cara a cara a la muerte y la cantan y la reprenden y la acarician. Nos enseñó a amar tantas cosas, que se le olvidó enseñarnos cómo sentir sin su mirada, sin su palabra amable, sin su ironía, sin su pasión.

Fue maestro de tanto que olvidó enseñar lo más importante que se puede enseñar a un amigo, olvidó enseñarnos a seguir sin su presencia.

Quedan sus libros, sus palabras y los recuerdos, que como dice un amigo común, ahora solo son de una parte. Ya mis recuerdos con Pedro solo son míos y seguramente con el tiempo los llene de detalles que no fueron, de imágenes que no vimos, de versos que no cantamos, pero eso es hermoso, es mantener viva la amistad, es el amor constante más allá de la muerte, es dar sentido a las cenizas y abrir espacio al polvo enamorado.

Me duele el dolor de mi amiga y su amante compañera Prado, me duele el silencio de su patio lleno de flores, me duele el vino que no beberemos, las carcajadas perdidas para siempre. Y sin embargo me siento feliz. No es fácil encontrarte en la vida con gente como Pedro y disfrutarlo durante más de 30 años… yo he sido uno de esos privilegiados.

Esta mañana, al salir de casa, he viso una huella en la acera, junto a mi ventana. Hace años, cuando el cemento estaba fresco, Pedro se asomó para llamarme y tomar una cerveza. Dejó la huella de su zapato en el cemento y con una sonrisa me dijo que había fastidiado la acera como hacen los críos. Bromeamos con escribir nuestros nombres. No lo hicimos. Pero esa huella, junto a mi ventana, hoy se veía más clara y más profunda, como si hubiese tomado impulso para saltar las tapias y los tejados y convertirse para siempre en viento que no cesa.

Querido Pedro, gracias eternas por dejarme esa y tantas otras huellas imposibles de borrar. Cuando me vaya acostumbrando a tu silencio, prometo poner voz a tus versos.

1 Comentario

  1. Precioso Javi!!!
    Que suerte han tenido mi hermana y Pedro Tenorio tenerte como amigo.
    Que grandes sentimientos albergas en tu interior.
    Personas como tú y lo que escribes hacen que siempre estén presentes.

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