miércoles, 30 septiembre 2020

La identidad

A veces uno se pregunta quién es. En un sentido trascendente, entiéndame. Se rebusca en el interior y se ponen de manifiesto los eventos vitales: los aciertos, los fracasos, lo que no hizo, lo que perdió… De cualquier manera, todo ello lo conforma a usted. Configura el carácter y la visión del mundo, y a veces sin darnos cuenta, tiene una influencia notable en cómo nos perciben también los demás.

Esta cuestión existencial que a todos nos achaca se vuelve compleja si lo entendemos de forma colectiva. Cómo nos sentimos como sociedad, los valores que compartimos y las verdades que entendemos como auténticas. Esto tiene una permanencia mucho más duradera que las identidades personales, y dejan un poso en el mundo de mayor calado, al cual no escapa la arquitectura.

El concepto de vernáculo, referido a las construcciones, alude a una arquitectura que no sigue modas. Sus características son casi inmutables y en la práctica, inmejorables, dado que su propósito es la perfección. Su origen se desconoce, y pertenece a la colectividad. No tienen autor. O dicho de otro modo: no hay arquitecto. Aunque en mi opinión, son un banco inagotable de conocimiento para los que hoy las observamos con interés.

El secadero de tabaco de la vega de Talavera de la Reina es un claro ejemplo de esto. El cultivo de esta planta durante el siglo XX hizo surgir este tipo edificatorio. El tabaco necesita mucha agua y tierra rica en nutrientes, además de un proceso de secado que requiere unas medidas muy específicas. Y ante la necesidad, el ingenio colectivo. El suelo dio la arcilla que los hornos convirtieron en ladrillo, para después colocarse en las características celosías que consiguen un sistema de ventilación perfectamente entendido por su orientación, tamaño de los huecos o alturas. Arquitectura bioclimática, al fin y al cabo.

Y no se lleven a engaño. Esto no hubiera ocurrido en otro lugar. Los secaderos están anclados a este sitio no solo por sus cimientos, sino por la idiosincrasia que los construyó. No solo buscan tener un sentido práctico, sino que aspiran a la belleza. No en vano alguno de ellos muestra una maestría en los aparejos absolutamente envidiable. Esto no ha pasado desapercibido, y así se ha hecho notar por la Real Academia de Toledo, que los ha incluido en su Lista de Patrimonio en Peligro. 

Así nos perciben los demás, con valores y virtudes que nosotros ni siquiera vemos. Es posible que haya que recurrir al examen de conciencia colectivo y rescatar del olvido algo que, sin duda, forma parte de lo que somos hoy. Quizás deba traerse de nuevo al presente, y además de preservarlo, incorporarlo a través de una nueva visión creativa como el signo identitario que sin duda es.

Jesús Peco es arquitecto

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