miércoles, 12 agosto 2020
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Talavera no tiene quien le escriba un buen plan

Leyendo y disfrutando un interesante trabajo de un amigo universitario a distancia sobre el paso y el poso del desarrollismo franquista por este territorio comanche, he corroborado con datos y nombres contantes y sonantes que, desde casi siempre, Talavera no tiene quien le escriba un plan de desarrollo específico y que vaya algo más allá del parche puntual, del interés particular, de la ocurrencia casual, del pan para hoy y hambre para mañana.

Y lo más frustrante del caso es que en esta ocasión, vaya hombre, no podemos echar la culpa a administraciones superiores, porque el atasco y la incapacidad habitan entre nosotros.

Talavera, a lo largo y ancho de su historia más moderna, ha hospedado, ha edificado, también derrumbado, ha prosperado, ha dilapidado y ha demandado, especialmente en estos pedigüeños tiempos, pero prácticamente nunca ha programado, diseñado o pergeñado algo que sirva de camino y sustento a las generaciones venideras.

Aquí parece que todo ocurre en pretérito (llegara o llegase, cumpliera o cumpliese…) o futuro (creciere, invirtiere…) imperfectos como demuestra, un suponer y por no perdernos en la consabida letanía de humos y quimeras, ese POM, porrón pompom, ideado y desfasado por si llegara o llegase el AVE, cuando la autoridad competente quisiere, invirtiere y no mintiere.

También puede servir como programación imperfecta, pasada o futura, todo lo que se cuece, anuncia y avecina tras la declaración de la cerámica como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, hecho acaecido cuando el oficio artesano está prácticamente en sus últimos suspiros.

Y ensalzando siempre, en este y otros asuntos locales, la voluntad e iniciativa de unos colectivos sociales que casi siempre luchan, ay, por paliar y recuperar lo que se ha perdido, precisamente, por falta de prevención, visión y programación. Loables actuaciones que, no obstante, suelen florecer y favorecer cuando el tema o centro de interés en cuestión está ya decúbito ventral, tal que la cerámica, el Tajo, Torrehierro, el tren, el comercio, el hospital y tal y tal.

En esta deriva y a falta de peticiones y programaciones ajustadas a la realidad y necesidad de la ciudad, tú verás, son otros los que vienen más allá del puente del Alberche a prometer planes, proyectos y actuaciones utópicas e hipotéticas desde su mismo inicio por no tener, ellos y ellas, ni puta idea de lo que la que queremos y necesitamos. Ni nadie que documentalmente se lo demuestre, que es lo peor.

Una tarea que nos pertenece casi de manera exclusiva y que pone contra las cuerdas esa teoría del victimismo y la discriminación, de la que hasta ahora he sido ferviente militante, forjada a base de dejar en manos de los demás lo que tan sólo a nosotros compete.

Es decir, saber y planificar lo que en Talavera urge para asegurar su futuro y no depender siempre de lo que se pueda recaudar en la mesa petitoria de turno, para luego endosar o calzar donde mejor luzca lo que del albedrío de fuera nos llegue.

Quisiera que me vayan entendiendo, mientras doy carpetazo al magnífico trabajo del amigo de marras y sosegadas farras que también me ha demostrado que un buen libro, si alumbrara o alumbrase, puede servir de buena universidad a distancia.

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