sábado, 15 agosto 2020
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Las Ferias de Talavera de la Reina

Talavera de la Reina fue durante mucho tiempo referente nacional en el trato de ganado.

Durante siglos las Ferias y Mercados de Ganado de Talavera fueron el gran motor económico de la ciudad y de la comarca. Hoy, prácticamente desaparecidos los mercados, y las ferias reducidas a meras fiestas recreativas, son el símbolo de la decadencia económica y la crisis que nos atenaza con la falta de producción agrícola y ganadera, actividad comercial e industrial paralizada y consiguiente regresión demográfica.

Un poco de historia

Las Ferias de Talavera fueron fundadas por el rey Sancho IV en el año 1294. Tales ferias fueron las llamadas ‘de San Andrés’, pues se celebraban en torno a la fiesta de este santo (30 de noviembre). Como tales perduraron durante quinientos años.

Pero a finales del siglo XVIII la concurrencia de ganados era tan abundante que los caminos, debido a las lluvias de noviembre, resultaban intransitables y, con frecuencia, los ríos y los arroyos impedían el paso. De ahí que el Ayuntamiento de Talavera tratara por todos los medios de cambiar la fecha. La ocasión llegó en 1799, con ocasión de la visita del rey Carlos IV a nuestra ciudad. El Ayuntamiento solicitó al rey, y éste lo concedió, adelantar las ferias de san Andrés al mes de septiembre, en torno a la fiesta de San Mateo. Así comenzaron a celebrarse las Ferias de San Mateo (21 de septiembre), en que las lluvias aún no afectaban los caminos y la temperatura era más suave.

Entre tanto, ya desde 1610, venían celebrándose las Ferias de Mayo. El rey Felipe III otorgó el Privilegio. Aunque las fechas variaban, se fueron ajustando en torno a la festividad de San Isidro. Así sucedió, por ejemplo, en 1920, año trágico inolvidable, pues en la corrida de toros del día 16 moría Joselito el Gallo.

Aún con los inevitables altibajos debidos a las pestes, crisis y épocas de guerra, podemos afirmar que, al menos hasta la Guerra Civil de 1936, las Ferias de Talavera no dejaron de crecer en importancia, número de ganados y transacciones comerciales, popularmente llamadas “tratos”. Talavera era la meca del trato. El trato era la forma de relacionarse en la feria, los ejercicios de compra-venta, que culminaban con una celebración, el alboroque.

Los bandos

Tanto crecieron las ferias de Talavera, tantos miles de cabezas de ganado acudían a ellas así como los ojeadores, compradores, vendedores y tratantes, que fue necesario a finales del siglo diecinueve que los alcaldes hiciesen públicos bandos y edictos delimitando espacios y organizando los diversos y complejos aspectos de las ferias. Estos bandos se publicaban unos días antes de la feria. Los del alcalde Tomás Sánchez de la Poza fueron de los primeros y hoy son para nosotros especialmente interesantes, pues nos dan la medida de lo que una feria afectaba y significaba para Talavera.

Los bandos empezaban especificando, en primer lugar, los caminos que debían seguir los ganados según su procedencia. Así, los que venían de la margen izquierda del río, una vez atravesado el puente, debían tomar la Ronda del Cañillo. Los que procedían del camino de Calera, carretera de Extremadura, o de Mejorada y Segurilla, debían tomar la Cañada de la Sierra y de las Carreteras…

Ubicación por tipología de ganado

El lugar que cada tipo de ganado debía ocupar en el ferial quedaba perfectamente delimitado en los citados bandos. El ganado lanar y cabrío debía colocarse en el espacio de los dos paseos inmediatos y enfrente de la Posada del Barrio del Prado, confluyentes con la carretera de Madrid hasta el frente de la Plaza de Toros.

El ganado caballar, mular y asnal , desde la esquina de la huerta de la Trinidad, siguiendo la pared de dicha huerta hasta el Barrio de la Paz (hoy “edificio la Paz”).

El vacuno ocupaba el campo del Calvario, Humilladero y el terreno de ensanche del ferial hacia el mediodía.

La ganadería de cerda se debía situar en la orilla del Tajo, en el espacio enfrente de la Fuente del Cañillo hasta la colada próxima a la alameda de Recreo, dejando expedito su paso para llegar al abrevadero del río, así como el cordel que se dirige al puente.

Normativa

Los bandos prohibían una serie de acciones dentro del recinto del ferial, como era pasear con caballerías de silla, juegos, etc…

Antes y después de los días de feria los caminos de Talavera se encontraban tremendamente transitados.

Muy minuciosas eran las disposiciones relacionadas con los puestos de venta. Los vinos y licores podían venderse en el ferial, así como los servicios de comidas, previa licencia especial del ayuntamiento y con al condición de que “se constituirán dichos puestos de madera y con la solidez necesaria para evitar cualquier siniestro”.

Quedaba cerrada la entrada para todos los carruajes y caballerías por las empalizadas de la calle de San Francisco, estableciéndose en la plazuela de la misma los puestos para la venta de distintos objetos, debiendo serlo en casetas o cajones de madera los concurrentes que así lo soliciten, desde la torre de la parroquia de Santa Leocadia hasta la salida a la Cañada de Alfares, dejando siempre espacio suficiente para el tránsito del público.

A ambos lados de la calle del Prado podían disponerse los puestos de toda clase de frutos, y en el intermedio hasta el fin de la misma y en la rinconada que existe a la derecha de ella del sitio que ocupó el Arco de Toledo se colocarán los puestos de hierros nuevos y viejos, como los objetos de calderería y cabestrería; al final, a continuación de estos, a la derecha e izquierda, los de confitería y otros comestibles. Los puestos de buñolería ocuparían la parte más próxima a la izquierda de la carretera. Y en la plazuela de la Trinidad se establecían los cajones o casetas de madera según costumbre.

De buena parte de España

El ganado procedía de todos los pueblos de la comarca y los rebaños recorrían caminos y veredas incansablemente. Venían de las comarcas vecinas de Navalmoral y Cáceres, de Torrijos y de las provincias de Ávila y Badajoz. No faltaban rebaños y animales de las dos Castillas, Andalucía, Extremadura, La Mancha y hasta de Aragón.

Los vendedores y compradores (ganaderos y tratantes) lo eran también de la comarca y de todos los lugares. Una parte del ganado se compraba para las explotaciones ganaderas, a mayor o menos escala, otra parte (animales de carne para consumo y alimentos) solían llevarse a Madrid, Cataluña y Valencia principalmente.

El número de cabezas de ganado aumentaba de año en año, al menos hasta los años de la República y de la Guerra Civil. El año 1902, por ejemplo, acudieron a la feria 45.000 cabezas de ganado lanar, 3.000 de cabrío, 3.000 de vacuno, 5.500 de caballar, mular y asnal, 1.100 de cerda. Total: 57.600 cabezas de ganado.

Pues bien, dos años después, en 1904, tenemos la siguiente estadística: 100.390 cabezas de ganado lanar, 2.300 de cabrío, 4.500 de vacuno, 5.000 de caballar, mular y asnal, 3.900 de cerda. Total: 116.700 cabezas. En septiembre, cada año, solían aumentar el cabrío, vacuno, caballar y de cerda, pero disminuía el lanar, por eso en los totales se elevan más las cifras de mayo.

En 1910 se contabilizaron 136.000 cabezas de ganado en las ferias de mayo, de las cuales 120.000 eran ovejas. El año anterior, 1909, hubo 159.900 cabezas, de las cuales 130.000 fueron ovejas. En 1923 se registra una de las mayores afluencias de la historia en la feria: 165.000 cabezas de ganado.

En diversos espacios había abrevaderos, incluso salidas al río. Teniendo en cuenta que el ganado debía vivir y pernoctar durante varios días en el recinto ferial, la cuestión del agua era fundamental. Aún queda el topónimo “el Cañillo”… No faltaba tampoco el potro de herrar. Situado precisamente en la Ronda del Cañillo, entre el Puente Viejo y San Prudencio, fue demolido hace años. Aún se conservan fotografías y aquí reproducimos una de este prehistórico e inmemorial instrumento de piedras bien afirmadas en el suelo, con ganchos de hierro y un yugo de madera para atar los bueyes y vacas de labor que debían ser herrados. En el lugar en que estuvo se ha levantado recientemente un nuevo potro de herrar, en recuerdo del que hubo y homenaje al teso antiguo del ganado.

Casa de la Paz

Existía también una llamada Casa de la Paz, situada en el barrio de la Paz (donde hoy está el edificio de la Paz, que a ello debe su nombre). En dicha casa o caseta se reunían los tratantes y se hacían las grandes transacciones. Aunque la mayoría de los vendedores y compradores hacían sus tratos en el ferial, junto al ganado, tocándolo e inspeccionándolo, los tratos de mayor volumen y la firma de documentos, cuando se requería, se solía hacer en la mencionada Casa de la Paz.

Especialmente conocidas, y hasta famosas, eran las posadas que, dentro del casco urbano de Talavera, acogían abarrotadas y bulliciosas cantidad de tratantes, ganaderos, arribistas y arrieros, recién casados en luna de miel que habían venido a los toros, familias que venían “de vistas”… En los establos bullían los caballos y las mulas, los bueyes y los gañanes que los cuidaban. Los corrales y calles aledañas repletas de carros y carretas… Vino, guitarra, coplas, bailes, chascarrillos… Posadas del Barrio del Prado, Posada de la Puerta Cuartos…

No faltaban atracciones de todo tipo para entretener al inmenso gentío que durante varios días abarrotaba la ciudad: teatro (donde actuaban los mejores cantaores y bailaoras), circo (casi todos los años dos o más), puestos de comidas y bebidas… y toros, espectaculares corridas de toros con los más afamados matadores del momento.

Del auge a la decadencia

A mediados del siglo XX experimentó Talavera uno de los impulsos económicos y sociales más importantes de su historia: el Instituto Nacional de Colonización propició el regadío de 11.000 hectáreas, creó los nuevos pueblos de Alberche del Caudillo y  Talavera la Nueva. Talavera duplicó su población y ensanchó su casco urbano de forma vertiginosa. Durante varias décadas, aún los mercados quincenales, las dos ferias y la economía de la ciudad gozó de indudable esplendor.

Sin embargo, en este primer cuarto del siglo XXI, las ferias de Talavera no son ya lo que eran. Aún en 1968 Talavera es escogida para la instalación de oficinas permanentes de precios del Mercado Nacional de Ganado, junto con otras siete ciudades de toda España, por el Ministerio de Agricultura. El 15 de mayo de 1973 se inauguraron, por los entonces Príncipes de España Doña Sofía y Don Juan Carlos, las instalaciones del hoy ya desaparecido espacio del mercado, con una superficie cubierta de 17.000 metros cuadrados, y bien dotado de oficinas. Finalmente, el ya rey don Juan Carlos I inauguró el año 1994 las nuevas instalaciones (hoy también desaparecidas y transformadas) del Mercado de Ganados, en terrenos próximos al casar del Ciego, coincidiendo con el VII Centenario de la fundación de las Ferias de Talavera.

Actualmente, desaparecido de las ferias el mercadeo de ganado, éstas se han convertido en simples días festivos de bares y tapas (Plaza de la Comarca), atracciones musicales, puestos de entretenimiento para niños y jóvenes… alguna que otra exposición… y un par de corridas de toros, cuando las hay. Pobre balance para unas ferias que fueron atractivas para toda España y cuyo teso de ganados se abarrotaba cada año generando una gran riqueza para Talavera y comarca.

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