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domingo, 29 marzo 2020
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Retrato en palabras: Juan Antonio de Castro

El recuerdo que tengo de Juan Antonio Castro  y que forma mi foto es de cuando yo era un niño. Como cualquier niño yo iba al colegio, a los maristas, todos los días y debía de ser muy pequeño porque no iba solo, alguien, supongo que mi madre, me llevaba a diario a la escuela.

El colegio de los Maristas no estaba lejos de casa, yo vivía en el antiguo número 6 del Paseo del Prado, justo frente a lo que ahora llaman el paseo de los arqueros.

Íbamos por el camino que ella escogía y que debía ser el más corto, lo cierto es que pasábamos a diario por la calle de la Trinidad y con frecuencia en una tienda de coloniales había allí un señor con bata –creo que gris-y pinta bastante imponente; recuerdo, y no creo que me falle la memoria, que a un crío de ciudad pequeña y provinciana como era yo le llamaban la atención sus patillas y aquel bigote que sólo había visto en las películas o en los retratos dieciochescos. Sí, me parece que ese ese el adjetivo: dieciochesco y es que el  señor que estaba en la tienda de coloniales llamada Serapio Castro, era Juan Antonio Castro escritor y factótum de la Generación del Candil. Juan Antonio que ya había ganado el accésit del premio Adonais preparaba el salto al panorama literario y teatral español. Castro era padre de uno de los niños de mi clase que se llamaba igual que él, pero me parece que en aquella época yo no lo sabía.

Además de sus actividades como comerciante y sus aficiones literarias, Juan Antonio ejercía una especie de padrinazgo en El Candil además de intervenir profusamente en el periódico La Voz de Talavera; Abraham Madroñal que hizo su tesis sobre la época de la que hablo, aseguraba en ella que Castro hizo de todo en La Voz, “desde redactor jefe a gacetillero”. Finalmente Juan Antonio Castro se mudó a Madrid buscando los horizontes que no le podía ofrecer Talavera.

Cuando el escritor estrenó “Tiempo del 98” su obra teatral más reconocida, ya había estrenado en Toledo con El Candil “Las bodas del pan y del vino” nada menos que un auto sacramental al `parecer con notable éxito.

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