lunes, 18 enero 2021

De Olimpiadas y deportes

 

virginia rincon fdezImagino que en España estará todo inundado con información sobre los Juegos Olímpicos. Informativos, canales de deporte, prensa…  Tengo un amigo por los Madriles que los espera como agua de Mayo. Se coge incluso vacaciones para encerrarse en casa y darse maratones de gimnasia rítmica, waterpolo y natación.

Aquí en la Isla los deportes más populares difieren un poco de los nuestros. Ganan por goleada el fútbol, el rugby y el criquet. Pero el deporte nacional por antonomasia es ver cualquier otro deporte en la tele. Ya hay canales bloqueados con las múltiples competiciones porque a la gente le pirra el deporte, particularmente el que practican otros. Qué mejor manera de terminar un largo día laboral que cenando en el sofá frente a la pantalla de plasma más grande que había en la tienda y viendo a los héroes del deporte británico representarlos en Río.

Yo me esfuerzo por meterme en el ambiente olímpico, pero me cuesta sentarme a seguirlo. Y que conste que lo he intentado. Debe venir mi apatía hacia el deporte de aquel miedo escénico frente a las embarazosas clases de educación física de mis años infantiles. Qué necesidad había de hacernos correr entre conos de plástico o tirar un balón medicinal sin ganas. Qué aburrimiento cada año tener que buscar excusas para no hacer volteretas hacia atrás porque me mareaba.

Y esa costumbre de dar vueltas al colegio bajo un sol manchego de justicia en los meses cercanos al verano… ¡Cuántas caídas fingidas para no completar aquel suplicio militar! Y todo para sacar un triste suficiente y sentir que fracasaba. Me convencí de que el ejercicio físico y yo éramos sencillamente incompatibles, nuestra relación se resumía en “no eres tú, soy yo, y lo nuestro es imposible”. No supe entender el propósito de todo aquello hasta muchos años después. Afortunadamente, nunca es tarde.

No sé qué imparten ahora en los colegios. Lo mismo se han modernizado, han cambiado las volteretas por el Pilates y al correr lo llaman ‘running’. Sea como que sea, espero que a día de hoy hayan dado con la clave para motivar a las nuevas generaciones y que se enganchen a ello por gusto y sin obligación. Por mi experiencia personal ya de adulta creo que los verdaderos beneficios de la actividad física son favorecer la salud, socializar, reír, superarse a uno mismo, aprender a cooperar y trabajar en equipo y fomentar el equilibrio entre cuerpo y mente. Estos valores que nadie me supo explicar a mí en su día y que tantos años he tardado en aprender a disfrutar. Afortunadamente no hace falta ser un número uno ni verse las Olimpiadas completas para poder empezar a disfrutar de ellos.

Mucho ánimo a esos 306 deportistas españoles que sí lo entendieron desde el principio y hoy son  ejemplo de esfuerzo y superación en Río 2016. Mención especial a mi paisano y gran triatleta talaverano Fernando Alarza. Espero que todos ellos nos sirvan de inspiración a niños y adultos.

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