jueves, 3 diciembre 2020

Juan Bermúdez ‘in memoriam’

Este humilde e inseguro servidor comenzó en esto de juntar letras presunta y sorprendentemente publicables, hace ya muchísimas lunas, haciendo las crónicas del entonces Talavera CF para el inigualable vivero periodístico que fue y es La Voz del Tajo.

Gracias a la generosidad de ese Pepe Retana al que tanto le debe el periodismo local, otra factura talaverana más sin pagar, consignar ni tramitar por cierto; el respaldo y sabia batuta del gran Igroso; el aliento crítico, amigable y motivador de Emilio Jiménez; y los consejos de Jesús Morales, me introduje en una olla blanquiazul que por entonces cocía, crecía y enriquecía bajo el siempre enérgico y revivificador fuego directivo de Juan Bermúdez.

Un respetado referente social, empresarial y futbolístico de esta Talavera de nuestras vidas y movidas con el que, así de entrada, no tuve precisamente ni buen rollo, ni afinidad, ni junta que lo huele.

Todo, tú verás, porque yo le fastidiaba las siestas con exigentes demandas telefónicas de adelantos en exclusiva de fichajes y noticias del club, cosas de la edad supongo, y él me agitaba mis ya de por sí agitadas noches dominicales con autoritarias peticiones de que le adelantara la trama, el nudo y el desenlace de la crónica futbolera que se publicaría al día siguiente en La Voz.

Que no se fiaba ni un pelo por ser el que suscribe, según sus propias y socarronas palabras, “un poco cabroncete”. Que ahí estamos y seguimos, Juan.

Aquellos conatos de mero fuego de artificio fueron cesando, inmerso él en su irrefrenable hiperactividad vital y yo disfrutando y aprendiendo en El Prado al lado de maestros en la materia como el compañero del alma Manolo Hernández, Fernando de Lucas o Raquel Jiménez, entre otros y otras.

Un respetuoso armisticio que desembocó, con el tiempo y más de una caña, en una entrañable amistad forjada en largas conversaciones, recuerdos, risas y alguna birra que otra en el Penalty, con algo de marisco y mucha ironía, emblemático establecimiento talaverano del que él era cliente habitual y en el que yo me adentraba, mayormente, cuando me invitaban.

A lo largo de esos años él conoció a un cabroncete venido a menos y yo a una persona excepcional, generosa y más lista que el hambre, siempre llena de vida, proyectos e ilusiones, que tenía a Talavera metida en el alma y al que le dolía, de verdad, el inicio de esa deriva social, empresarial, económica y futbolera que nos tiene actualmente como nos tiene.

Por todo ello, en la mañana de este jueves he recibido un inesperado golpe helado al enterarme de su fallecimiento. Sólo me queda honrar su entrañable e imborrable recuerdo, reivindicar su gran huella personal y social y, al fin, reconfortar en estos duros momentos a su gran familia, especialmente a Juanjo.

Descansa en paz, Juan, hasta siempre y adelántame los fichajes del San Pedro CF, coño. Por si acaso. 

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