domingo, 12 julio 2020
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Cuarenta días en casa

Suena el despertador. No es que haga falta estos días que no va al trabajo, pero le pareció una buena idea mantener la rutina. El sol de la mañana lleva un rato entrando en la habitación, y entre los resquicios de una persiana de madera se filtra un azul intenso. Hace bueno, y aunque no puede salir, se siente a gusto. La luz tamiza la estancia, le transmite paz y tranquilidad. Al abrir la ventana siente el fresco aire de la mañana.

Se despereza. Un pequeño baño anexo al cuarto le permite acicalarse. La ventana elevada hace que los azulejos de la pared brillen con intensidad. Se siente completamente despierto. Un austero vestidor, realizado con un simple tabique que lo separa del dormitorio, le sirve para ponerse ropa de calle. No conviene pasar todo el día en pijama, o al menos, eso dicen los expertos.

Sale del dormitorio, y un generoso distribuidor, que es más umbral que pasillo, da lugar a la estancia principal. Es un espacio amplio, pero no demasiado grande. Tiene unas dimensiones ligeramente alargadas, con un techo más elevado que el resto de la casa. Es el salón. Es la sala de estar. Una gran ventana preside el espacio, justo en la pared opuesta en la que usted se encuentra. Al otro lado, un generoso balcón y más allá la calle, desierta. De todos modos no pensaba salir. La madera del suelo da calidez y confort, y los pocos muebles hacen que el lugar parezca aún más espacioso. Es un buen lugar.

En la cocina se prepara un desayuno. Para usted y su pareja. Hoy, como ayer, lo tomarán en el salón. El hueco alargado con paneles de metacrilato traslúcido le resulta de lo más práctico para pasar los alimentos al otro lado. Sólo tiene que volver al salón y colocarlo sobre la pequeña mesa bajo el hueco, orientada hacia las vistas. Vuelve a reparar en el buen tiempo que hace. Se da cuenta de lo bien orientada que está esa ventana. Todo lo llena la luz.

Recogida la mesa, se dirige de nuevo al salón. Una mesa de mayor tamaño junto al ventanal tiene sobre ella un ordenador portátil y papeles desordenados. Desde aquí está trabajando ahora, y aunque ha tenido que acomodar algún pequeño mueble, se está adaptando a la perfección. Nunca había pasado tanto tiempo en su casa, y estos días está descubriendo buenas decisiones y cariño en su austero diseño. Dedica un ligero recuerdo al arquitecto que contrató, y empieza con su rutina.

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