viernes, 26 febrero 2021

De juegos y murallas

Se valora lo que se conoce, y tanto más cuanto más se conoce. No me digan que no es una gran frase, que anima a escribirla una y otra vez. Esta afirmación, que no es de mi cosecha, ha sido el grito de guerra de la fantástica exposición realizada por el estudio de arquitectura Mimaia en nuestra ciudad. Una muestra interactiva, enfocada a los más jóvenes, que consigue que los niños entren en contacto, a través del juego, con el mayor y más desconocido vestigio patrimonial de Talavera: las murallas. Los pequeños pueden, como si de un Lego se tratara, montar y desmontar los muros, relacionándolos con el resto de la ciudad. En definitiva, conocerla. Por lo tanto, valorarla. 

Durante el transcurso del juego, y a mi parecer una de las partes más interesantes, se les ha pedido a los niños que dibujen lo que para ellos es la muralla. Fue muy sorprendente descubrir como casi todos dibujan una torre albarrana. Y no es de extrañar. Sin duda son los elementos más icónicos de la muralla visible hoy día. Y es aún más sorprendente ver que esa torre no es solo una torre. Ni siquiera un muro. Sino una puerta. Algunos la dibujan incluso con pomo, lo que la convierte en practicable. Es fascinante verla de ese modo, y no como un objeto vetusto que debe fosilizarse en el tiempo. 

Una muralla es un elemento singular de cualquier ciudad que se precie. Han dejado una profunda cicatriz en las tramas urbanas, y en muchas ocasiones son elementos indispensables de la imagen de una urbe. Pero no es solo cuestión de postales. En los casos exitosos, siempre están involucradas en las dinámicas urbanísticas. Porque digámoslo ya. El patrimonio sin uso no es más que un traje de novia feo: un dispendio que se usa poquísimo y que nadie sabe si aún conservas o no. 

Se necesita una nueva mirada hacia la muralla, ajustada por la lente del apego a lo propio y del conocimiento de un objeto de valor que merece la pena recuperar y conservar. Pero esto es solo el inicio, y aunque el reconocimiento de lo nuestro es fundamental, es necesario crear un discurso al exterior que convenza. Las vivencias de uno suelen ser frágiles, y aunque muy valiosas, mucho me temo que no sirven de nada a los demás. Un buen colega, y amigo, cuenta como Manuel de las Casas, el mejor arquitecto talaverano hasta hoy, hacía que sus amigos forasteros creyeran que Talavera era como Versalles, a través de las bienintencionadas descripciones de su querida ciudad. Hasta el momento en que la visitaban y veían que no era Versalles. 

Seguramente no se les pueda culpar, puesto que no tienen los vínculos emocionales, y en esos casos la realidad se percibe de un modo más racional. Quizás haya que conseguir que ellos mismos creen esas vivencias. Quizás, además de la narración sobre nuestro patrimonio y nuestra ciudad, debamos encontrar una realidad que sea la confirmación del relato. No solo hay que parecer Versalles. Hay que serlo. 

1 Comentario

  1. Como siempre un gran artículo,además añado,que nuestro primer recinto amurallado fue mandado construir por Abderramán III,al cual le debemos esta frase que nos viene de perlas con tu artículo;”Cuando los reyes quieren que se hable en la posteridad de sus altos designios,ha de ser con la lengua de las edificaciones. ¿No ves cómo han permanecido las pirámides y a cuántos reyes los borraron las vicisitudes de los tiempos?”

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