miércoles, 5 agosto 2020

La falta de relevo generacional, un riesgo al que se enfrenta la cerámica

La falta del relevo generacional es un problema más para la cerámica de Talavera y El Puente del Arzobispo. (Foto: antoniomartincerámica.com)

La falta de relevo generacional en oficios tradicionales como la alfarería está poniendo en riesgo el futuro de un sector que mira al mañana con incertidumbre, pero también con esperanza por lo que pueda suponer que la técnica cerámica consiga la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco.

Con este fin, la asociación Tierras de Cerámica presentó candidatura, en marzo de 2018, bajo la denominación Procesos artesanales para la elaboración de la ‘talavera’ de Puebla y Tlaxcala (México) y de la cerámica artística de Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo (España).

Se trata de una iniciativa con la que el colectivo quiere preservar una técnica tradicional artesanal que une dos continentes desde que alfareros talaveranos partieron al Nuevo Mundo en 1597 y se establecieron en el estado mexicano de Puebla.

Pero la alfarería ha sido un oficio al que la crisis ha tocado de lleno y al que, en la actualidad, se suman otros problemas como la falta de relevo generacional, por eso los profesionales del sector miran al futuro con incertidumbre, pero también con esperanza, por las consecuencias que pueda tener para la cerámica lograr el reconocimiento de la Unesco.

Ceramistas de Talavera de la Reina y de Puente del Arzobispo coinciden al señalar, en una entrevista con la Agencia Efe, que “no hay continuidad” y muestran su preocupación por la dificultad que supone encontrar a jóvenes que quieran seguir con la tradición y aprender el oficio.

La ceramista Mónica García del Pino, entre la consejera Pilar Franco y Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha.

Mónica García del Pino recuerda que Talavera es la ciudad de la cerámica, pero advierte de que a este paso “terminaremos diciendo que fue”, porque “es muy complicado” encontrar a gente joven que quiera continuar con un oficio para el que son necesarios “muchos años de aprendizaje”.

Juan Carlos Albarrán, por su parte, afirma que “cuando hay crisis, el objeto decorativo no se compra” y avisa de que la cerámica tradicional “no está en su mejor momento porque los gustos van cambiando”.

Indica que ha habido que ir adaptándose a los nuevos tiempos y que ahora “parece que hay un poquito más de iniciativa y se está intentando revitalizar”, aunque añade que encontrar relevo generacional es “una labor de Quijote”.

“Complicado sobrevivir”

Albarrán asegura que es “complicado” sobrevivir con este oficio, además de que su aprendizaje requiere tiempo y agrega: “Vivimos en una sociedad en la que cuesta trabajo echar horas para sacar un mínimo rendimiento. La gente quiere un resultado inmediato y aquí es al contrario”.

A pesar de ello, hace hincapié en la satisfacción que supone conseguir un objeto bello “de la nada” y que el cliente lo aprecie y destaca que cuando te gusta el resultado de la pieza que elaboras, “te llena el espíritu”.

También el alfarero Juan Carlos Fernández Carrasco, único trabajador en su taller en Puente del Arzobispo, subraya que uno de los principales problemas a los que se enfrenta el sector es la falta de relevo generacional.

“Si no hay gente detrás que quiera aprender el oficio, las acciones de promoción no valen de nada”, razona Fernández, la sexta generación de alfareros de su familia.

Reclama a las administraciones que se implante una formación de calidad en la que se enseñe el oficio, porque en los talleres no hay suficiente volumen de trabajo para que se puedan formar aprendices pese a que, por ejemplo él, tiene capacitación docente para poder enseñar.

Nuestra cerámica debe de ser fuerte para competir con China, Turquía, Italia y algunos países de Latinoamérica.

Los profesionales del futuro es necesario que sean “solventes” para que se pueda competir a nivel mundial con la cerámica de países como China, algunos de Latinoamérica, Turquía e Italia, que son “muy fuertes en exportación de cerámica artística parecida a la nuestra pero que, a diferencia de nosotros, no han tenido ese corte en las generaciones de aprendices del oficio”.

Para aprender cerámica, resume, “se necesita voluntad, que se presupone al que decide acercarse a ello; buenos formadores, maestros del oficio que conozcan bien las técnicas y, sobre todo, se necesita mucho tiempo”, algo que hoy día no se tiene.

“Antes los chavales aprendíamos jugando, los chavales de familias artesanas dábamos un salto de la cama y estábamos en el torno”, destaca el alfarero, que se muestra partidario de facilitar que los jóvenes tengan en la artesanía una puerta al mercado laboral y que la formación sea de calidad y suficientemente atractiva para que quieran acercarse a la cerámica.

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