miércoles, 5 agosto 2020

Los mantras políticos y sociales de Talavera

Hay mantras políticos y sociales que, reconozco, me pueden, hieren y soliviantan. Nunca fui partidario, vuelvo a reconocer, de esas monótonas repeticiones tipo rosario, con perdón, que pretenden eliminar de tu cabeza cualquier pensamiento impuro y, de paso, purificar o ensalzar por decreto ley o mandato divino lo que cotidianamente te rodea.

Ya me pasaba cuando estudiaba con los curas y me vuelve a pasar cada vez que oigo que hay que remar juntos y en la misma dirección, que hay que abandonar el victimismo y, un suponer, que hay que hablar bien de Talavera por orden municipal para vender más allá del puente del Alberche una buena imagen de la ciudad.

Y lo que me pasa es que me da por pensar, velaíle, que para remar juntos y en la misma dirección lo primero es estar a bordo del barco en sí y, claro, tener remos de impulso.

Que, témome, hay miles de ciudadanos en general y de talaveranos en particular sin ningún tipo de pasaje y acceso al trasatlántico institucional, siempre con demasiados polizones por cierto, por lo que se ven obligados a navegar laboral, económica y socialmente en puras, duras y crudas pateras vitales.

Necesitarían, además, esos mentados remos de impulso en forma de puestos de trabajo, industrias, infraestructuras y servicios, que por lo no visto algunos deben considerar meros vicios, para subirse al también tambaleante mástil del puente atirantado y gritar orgullosos aquello de con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar sino vuela, mi imparable e inigualable Talavera.

Con lo cual, amadísimos hermanos, pasamos a la epifanía del victimismo, ceremonia con la que la tribu política, de manera alternativa y dependiendo de la rifa electoral, suele despachar las justas y necesarias reivindicaciones, manifestaciones y exigencias de la puta base ciudadana.

Que está mal visto en los pesebres públicos, parece ser, que se demuestre estadísticamente, con números contantes y sonantes, que ‘papá no es’ o que Malechor, Tapar y Malgastar nos dejan indefectiblemente carbón, mientras en otros belenes, cumpliendo con la historia y la tradición por otra parte, reinan el oro, el incienso y la mirra.

Palabras estas últimas que, confieso, me han ablandado el espíritu crítico por sus connotaciones navideñas, esos entrañables festejos ya inminentes. Les aseguro que iba a purificar el barco, los remos y el victimismo con aquello otro de pero miran como beben los peces en el río, beben y beben y vuelven a ver, pero he caído en la cuenta de que ni río tenemos para que los peces beban y vean a Dios nacío.

Otro mantra más en el camino. Qué cruz. Para nosotros y para el chiquirritín queridito de alma, claro, que ya vendrá la Semana Santa. Adviértole.

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