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lunes, 6 abril 2020
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Estabilidad y pactos

En estos momentos en que el equipo de Pedro Sánchez afronta la recta final de la negociación con la ERC de Junqueras y Rufián, y cuando no está claro si la recta es el camino más corto hacia la gobernabilidad de la España toda o hacia el precipicio de unas terceras elecciones, creo oportuno hacer un alto en el camino de la rutina y teclear algunas ideas sobre el pacto en cuestión, también sobre los pactos en general.

Lo primero es que no creo en la necesidad de la tan cacareada transparencia de la negociación por dos cuestiones fundamentales: porque no ayuda a la consecución de un acuerdo y porque lo que debe importarnos es el contenido final del mismo, aquello que queda reflejado negro sobre blanco, con las firmas correspondientes y los límites reales del compromiso. Los “eso ya se verá”, “hombre, es evidente que”, “se da por hecho”, que surgen en toda negociación como necesarios para allanar el camino se disuelven como azúcar en vino caliente una vez firmado lo que contiene el texto por escrito.

Decía recientemente el presidente García-Page que no resulta conveniente confundir la estabilidad de un Gobierno con la estabilidad del Estado. Y tiene razón, entre otras cosas, porque cuando un gobierno falla, tiembla o tropieza, es disuelto y se elige otro; pero no es fácil cambiar de Estado, y menos cuando no hay consenso para ello. Por tanto, antes de que nos acostemos mirando al cielo entre lágrimas por el advenimiento del apocalipsis, sería buena relajarse y animar a la clase política a plantear un escenario de pacto táctico de investidura para la consecución de un Gobierno que siempre tiene fecha de caducidad y, al mismo tiempo, la negociación de pactos estratégicos de Estado para dotar al mismo de la estabilidad necesaria a medio y largo plazo.

Debo confesar que a mí el pacto con UP y ERC me pone. En serio, me pone muy nervioso y no despierta grandes ilusiones. Especialmente por aquello de la fábula de la rana y el alacrán. Pero entiendo que no podemos perder de vista algunas cosas como, por ejemplo, la legitimidad que asiste a todos y cada uno de los diputados y senadores, elegidos democráticamente, para participar e intervenir en las decisiones y funcionamiento de las Cortes Generales, una de cuyas tareas es la de investir al Presidente del Gobierno, y digo investir, no embestir, que también se hace.

Participar de forma positiva en las cosas que atañen a España, en general, es un derecho cuyo ejercicio normalizado, a la larga perjudica a las aspiraciones nacionalistas, por mucho que piensen que una vez cerrada la negociación de mercadillo, quedan exentos de toda responsabilidad sobre los actos que el nuevo Gobierno va a llevar a efecto. Además, salvo que el acuerdo contemple y concrete algo distinto, un apoyo mediante abstención en una investidura no compromete al Gobierno a dejar de defender el Orden Constitucional y los acuerdos internacionales.

Por otro lado, tampoco evitan ni cercenan el derecho del partido que sostiene al Gobierno a suscribir acuerdos de calado nacional con otras fuerzas políticas de manera que ayuden a remarcar los límites del ejecutivo, e impulsen reformas de calado que aporten realmente estabilidad al Estado, incluso cuando el riesgo de crisis gubernamental sea evidente.

La reciente votación del decreto para frenar la república digital catalana es un claro ejemplo de que hay cosas que viene de suyo, sin necesidad de pactos o matrimonios contra natura política… un gobierno secuestrado por ERC siempre podría encontrar el apoyo tácito del centro derecha para romper el círculo de chantaje en defensa del interés general, una de cuyas primeras premisas es la de contar con un Gobierno en pleno ejercicio de su función.

Ayer releí el Apocalipsis y no encontré nada acerca del advenimiento de Pablo Iglesias a caballo… claro que últimamente lo de las metáforas no se me da nada bien. La Patria, no es metafórica, y además de permitirnos presentar exigencias al otro, nos obliga a ser exigentes con nosotros mismos en su defensa. Si tan terrible es un pacto de investidura con ERC, o un Gobierno con Unidas Podemos, nada impide a Casado y a Arrimadas anunciar su abstención para hacer innecesario el trágala independentista.

Digo yo…

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