martes, 14 julio 2020
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Un horizonte

La nostalgia suele convertirse, muy a menudo, en un bálsamo para los dolores actuales. Una calle que conecta una plaza con otra. En la primera, un mercado cerrado. En la segunda, una plaza y un reloj. Pero queda alguien que lo recuerda, que lo idealiza y lo convierte en un símbolo de antiguo progreso y desarrollo. Y sin embargo, ya no está. Ya no es.

Donde fuiste feliz alguna vez, no deberías volver jamás, escribió Félix Grande. La Corredera del Cristo ha conocido tiempos de gloria. Un sendero a la sombra de la muralla, un camino obligado entre torres albarranas, una conexión entre la ciudad consolidada y los crecientes arrabales. Y ante el paso de las personas, el comercio. Nunca está claro cuál de los dos llega primero, pero no hay ninguna duda de que van de la mano.

Las obras de remodelación de la Plaza del Reloj y la Corredera estuvieron sometidas al injusto juicio de la nostalgia. Pero el error de las críticas fue ignorar que buena parte del origen del proyecto está basado, precisamente, en ese fértil pasado. La propuesta analiza la calle, el comercio, la plaza, el umbral… En definitiva, una serie de cuestiones que están enfocadas a lo que yo creo que la remodelación consigue: una calle con unas cualidades espaciales y urbanas de las que antes carecía.

El proyecto propone una circulación aun solo nivel, con un desarrollo del pavimento basando en unas bielas metálicas y piezas de granito. Por otro lado, existe la intención de recuperar la calle porticada que un día fue. Porque lo que muchos no saben es que la pérgola se repetía a lo largo de la Corredera, a continuación de los portales actuales y hacia el mercado de abastos… si no se hubiera modificado la propuesta original. Se elimina la absurda rotonda, también objeto de una nostalgia sin sentido, y se realiza una plaza que hoy se ha convertido en un espacio mucho más cualificado que antes. Por no hablar del tramo frente al mercado de Abastos. Si no se han sentado en alguna terraza un día soleado, se lo recomiendo encarecidamente.

No le voy a negar que existen cuestiones que no están correctamente resueltas. El pavimento ha perdido el contraste entre los materiales, provocando que todo el juego compositivo se pierda en buena parte. O algunas de las bielas, que debido al paso de los coches se han soltado, provocando molestos ruidos. O el hecho de que haya un aparcamiento en la muralla, que si bien fue una modificación más del proyecto original, es algo que afea y molesta a nuestro patrimonio. Pero en la Corredera se ha sentado un precedente para un futuro prometedor. Es más calle, es más ciudad, es más nuestra. Quizás se debería entender lo urbano, tal como dijo Lefevre, como un horizonte, como un posible. Porque aunque ya no esté, podría estar. Porque aunque ya no sea, podría ser.

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