viernes, 25 septiembre 2020

Las alturas y bajuras de Tita García

Las redes enredan, que para eso están por muy sociales que sean, pero de lo que se trata, titos y titas todos y todas, es de no quedar atrapados en esa malla que aprisiona, limita y, tú verás, restringe hasta límites insospechados la periferia visual y vital de los aprisionados y enredados en sí.

A través de esos ya imparables e ingobernables tejidos y quejidos sociales destinados a capturar peces de ciudad, Sabina dixit, se puede uno encontrar con navegantes cuasi bucaneros que, un suponer, exigen a la alcaldesa de Talavera, Tita García, por un lado altura ecológica general y, por otro, bajura económica particular.

Altura ecológica debido a la movida promovida por esas islas del Tajo que el ex alcalde Jaime Ramos, promotor también de proyectos de la altura ecológica de la playa de los Arenales, vaya vaya, se comprometió a comprar a costa de un erario público que resulta, vaya hombre, que debe más de siete millones de euros a la puta base proveedora de la ciudad.

A comerciantes y empresarios que han abastecido al Ayuntamiento de lo que haya sido menester pero, quisiera que me entendieran, no de forma solidaria y altruista, sino en la confianza del preceptivo pago de los productos servidos, porque resulta que estos especímenes sociales y sus correspondientes familiares tienen la mala costumbre de comer, vestir y vivir. Que hay que joderse con las pretensiones e ínfulas de esta gente.

Pues, al respecto, resulta que los que se la cogen con papel de fumar, reciclado supongo, han puesto el grito en el río que ni está ni a ninguna parte nos lleva por la declaración de intenciones de ‘Los catorce de Tita’ de cumplir primero con los proveedores, con las familias dependientes de sus pequeños y agobiados negocios en definitiva, y luego plantearse la adquisición o no de las islas del carajo, digo del Tajo.

Pero como el que sube acaba siempre bajando, estos pescadores virtuales de incautos peces de ciudad descienden de la altura ecológica, en la que los sueldos de los proveedores poco parecen importarles, a la bajura económica para proclamar y aventar que Tita tiene, como alcaldesa, un salario desmesurado.

Una salario que, por otra parte, ella se ha encontrado fijado y cifrado por mandamases anteriores y que, témome, es bastante inferior al que podría percibir en otros cargos y cargas a los que ha renunciado por, hay que seguir creyendo por lo menos durante los cien días de gracia, tratar de echar un cable a esta agonizante Talavera de nuestras vidas y movidas.

Oséase que, aunque me deporte Trump, opino y considero que la ciudad y sus gestores no pueden vivir ni dirigir al enredado e interesado ritmo de pesca de altura y bajura internauta que marcan los que apuestan más por el mogollón, que por la ilusión.

El ritmo lo debe marcar el aliento y respiración, que ahí están para el que quiera medirlo y percibirlo, de una ciudad que quiere vivir y a vivir empieza. Que diría el otro.

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