domingo, 27 septiembre 2020

La importancia de una campaña electoral

Aunque no se lo crean, una buena campaña electoral puede hacer ganar las elecciones a quien a priori las tenía perdidas y una mala campaña puede dar al traste con las mejores perspectivas de quien se las prometía muy felices.

Un mal candidato con un buen equipo a su alrededor, puede resultar creíble y vencedor y un buen candidato rodeado de advenedizos puede convertirse en algo insustancial y perdedor.

Las claves de una buena campaña están en una organización muy bien definida, con una línea de responsabilidad clara  y con una división de tareas ajustada a las capacidades y a las necesidades de la candidatura; En un discurso claro, conciso y contundente que vaya a la raíz de los problemas, con un lenguaje transparente, sin verborrea ni expresiones vacías y que se transmita de forma eficaz y amplia; Y un proyecto serio, ambicioso, creíble, viable y fiel a la demanda de los ciudadanos.

Con estos tres ingredientes bien hilvanados es  complicado que una campaña se venga abajo.  Pero basta que uno de los pilares se tambalee, para que todo se eche a perder.

El equipo que dirija la campaña no puede ser más protagonista que los candidatos. Esto lleva a confusión al electorado y provoca que el discurso pierda frescura y credibilidad.

Los mensajes que se transmiten deben ser nítidos y directos. Definir los problemas y las soluciones sin lugar a especulación. Es muy importante que quien los redacte tenga un amplio conocimiento del lenguaje de la comunicación, que conozca de forma amplia los temas a tratar y desde luego que sepa escribir.

Hay que  huir de los personajes todo terreno. De esos que lo mismo te montan un escenario que te redactan un programa electoral. Lo más seguro es que no sepan hacer ni una cosa ni la otra.

Conviene contar con agentes externos a la estructura de los partidos y que tengan vinculación con la sociedad civil ajena a la política. Su visión de las cosas suele añadir un plus al discurso y al planteamiento electoral.

Es importante estar presentes en todo lo que acontezca en la ciudad, pero sin abusar. No se puede ir en bandadas y rodeando a los candidatos evitando que se acerquen a los ciudadanos y a sus problemas.

Si algo ha funcionado en campañas anteriores no es garantía de nada. Por lo que conviene darlo una vuelta, ver si se adecua a los nuevos tiempos y si no descartarlo sin más.

Por último, es muy importante innovar, imaginar, crear y romper. Una campaña anodina provoca desidia, una campaña repetida, provoca hastío, las mismas caras de siempre provocan rechazo y el discurso encorsetado provoca huida. No es mucho lo que se requiere, pero desde luego tampoco es sencillo ni fácil.  Lo malo es convencer a las viejas máquinas de los partidos que sobran y que deben retirarse. Hacerlo ver es labor de los candidatos.

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