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miércoles, 3 junio 2020
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Generosidad y agradecimiento

Al hábito de compartir o dar a los demás sin pedir nada a cambio, se lo conoce como generosidad. Cuando se aplica este concepto a la política, rara vez es exacto.

Se habla de generosidad cuando alguien deja un cargo, y no es el caso. No es generosidad cuando hasta el último momento se ha luchado por conseguir un puesto y finalmente no se obtiene. No es generosidad cuando se acepta a regañadientes la decisión de prescindir de alguien, cuando hasta el último momento se ha estado dispuesto a seguir. Sin embargo sí es generosidad abandonar la comodidad de una vida placentera para dedicarse de forma activa a la política, y también es generosidad cuando se trabaja con todas las fuerzas para conseguir lo mejor para los demás sin pedir nada a cambio y rechazando de antemano cualquier recompensa por ello.

El generoso tiene por recompensa la misma generosidad, el sentirse a gusto con lo que hace y con lo que da, y encuentra satisfacción cuando el fruto de su esfuerzo provoca el bienestar de otros.

De esa generosidad se habla menos, pero es la genuina, la verdadera. Es cierto que en el discurso político, la palmadita de despedida se suele acompañar de adjetivos cariñosos y laudatorios, que en el fondo no son más que una forma  suave de dar una patadita en el trasero. Lo veo bien y me gusta que así sea. Otra cosa es que el halagado se lo crea, que también pasa.

Luego están los agradecimientos. Es de bien nacidos ser agradecidos, dice el dicho popular, por lo que se entiende que no ser agradecido debe ser de mal nacidos.  Mala cosa esta. Pero el generoso, sin duda tampoco espera agradecimiento alguno, aunque lo exija la educación y la sinceridad.

Es cierto que todos los favores y apoyos del pasado se olvidan cuando se dejan de hacer. En política es común ver cómo se olvida fácilmente a quien en el pasado fue valedor y defensor, muchas veces a contracorriente y en solitario. Las disputas del presente conllevan la miseria de olvidar todo el pasado y desde luego no dejan lugar al más mínimo reconocimiento. Pero también en estos casos los generosos no lo tienen en cuenta. Pues como es sabido, el generoso nunca espera contraprestación por sus actos.

Así pues, cuando oigan hablar de generosidad, desconfíen y cuando escuchen agradecimientos también. Lo más seguro es que detrás haya más cadáveres y más miseria de la que imaginan.

Los dioses me libren de olvidarme alguna vez de todos los que alguna vez me apoyaron y creyeron en mí sin pedir nada cambio. Incluso si después vinieron agravios e insultos.

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