martes, 29 septiembre 2020

Castillos, torres y fortalezas de los Montes de Toledo

Cerro Calderico, con el castillo al fondo.

La especie monumental que más y mejor caracteriza el recio e indomeñable paisaje de los Montes de Toledo y sus pueblos son, sin duda, los castillos y torres. Vestigios de un pasado militar y repoblador, fronterizo y señorial, los castillos y torres de la comarca se remontan a los siglos que van del X al XV. Juan Carlos Fernández-Layos, que ha escrito emotivamente sobre ellos, los define como “fortificaciones que pertenecen consustancialmente al paisaje monteño, a su historia, origen de tradiciones populares y viejas leyendas que aportan calor al interior de los muros ruinosos que coronan los altos riscos o defienden los altozanos en la meseta”. Durante siglos fueron habitados y tuvieron su funcionalidad. Hoy la mayoría muestran estragos irreparables o son una ruina lastimosa y conmovedora. Algunos exhiben aún el vigor de los muros y la esbeltez de las almenas. La mayoría son propiedad pública y unos cuantos permanecen en manos privadas.

CASTILLO DE PEÑA TAJADA es llamado el que enseñorea en Consuegra el emblemático Cerro Calderico (genuino símbolo de Castilla-La Mancha, pues en él se unen en genial estampa inconfundible el castillo y los molinos manchegos). La tradición quiere que su fundador sea Trajano, emperador romano nacido en Hispania, y luego lo sitúa como propiedad del conde don Julián, señor de Consuegra y su fortaleza durante el siglo VIII… Parece, sin embargo, que el conjunto amurallado data de finales del Califato cordobés, época de Almanzor que potenció la construcción de pequeñas fortalezas en la Marca Media. Tras la Reconquista, Alfonso VII lo cedió al noble Rodrigo Rodríguez (1150) y Alfonso VIII (1183) donó a la Orden de San Juan de Jerusalén la fortaleza con todo su alfoz o comarca. Así sirvió como plaza fuerte de defensa y de baluarte de la reconquista de La Mancha y Andalucía, al tiempo que organizaba territorial y administrativamente la comarca.

Nada queda de su primitivo aparejo romano, ni de la estructura de la fortaleza en época árabe (siglos X y XI). El aspecto que hoy presenta es la construcción que se inicia en el siglo XII por la Orden de San Juan y cuyas remodelaciones y ampliaciones se suceden hasta el siglo XVII, en que la capilla primitiva es sustituida por una ermita.

Una muralla de más de doscientos metros de longitud y dos y medio de grosor protege la fortaleza. Este espacio es lo que queda del primitivo albacar o patio de armas, de origen árabe, donde se ubicaban las caballerizas y dependencias auxiliares, que servían para albergar a las gentes del alfoz y sus ganados cuando había peligro de ataques. También hay restos de un aljibe.

El castillo propiamente dicho presenta tres recintos construidos a base de mampostería. Son de admirar los poderosos torreones que se elevan en medio de sus cuatro lados. Tres pequeños torreones huecos flanquean la entrada, almenados y desiguales, rematados en airosas almenas y adornados con saeteras y troneras (estrechas ventanas para disparar proyectiles o flechas). En el llamado torreón de los escudos campean las armas de Juan José de Austria y de Fernando Álvarez de Toledo.

La primitiva capilla fue sustituida en el siglo XVII por una ermita presidida en principio por Nuestra Señora de Gracia, imagen donada por Juan José de Austria. Pero pronto fue sustituida por la imagen de Nuestra Señora de la Blanca, que dio nombre a la nueva advocación de la ermita y fue nombrada patrona de Consuegra en 1774 con fama de muy milagrosa y de gran fervor.

Castillo de Peñaflor.

En Cuerva persisten las ruinas del CASTILLO DE PEÑAFLOR. Parece que el pueblo tuvo ya una fortaleza en el siglo XII, pero el castillo data de los siglo XIV y XV. En este siglo perteneció a Íñigo Vélez de Guevara por donación de Enrique IV. A finales de ese siglo pertenecía ya al padre del poeta Garcilaso de la Vega, pero también era conocido (tanto el castillo como el pueblo) como Villa Carrillo, pues había sido también propiedad de Juan Carrillo, Adelantado de Cazorla. Finalmente fue también propiedad de los marqueses de Montealegre. Su planta es rectangular con torres circulares, pero sólo quedan en pie restos de los muros exteriores y parte de las torres.

Castillo de Corralnuevo.

Gálvez posee, a unos cuatro kilómetros del núcleo urbano, el CASTILLO DE CORRALNUEVO, de época cristiana, que sólo conserva una parte de las tres torres circulares que poseía. Dentro del pueblo persiste un palacio que debió ser castillo o casa fortificada medieval de planta rectangular con torres circulares en las esquinas.

Torre de Malamoneda.

En el espacio jurisdiccional de Hontanar se encuentra la TORRE DE MALAMONEDA, en el antiguo despoblado de este nombre. es de planta rectangular con restos de bóveda de medio cañón, saeteras y canes, sin coronamiento. La Torre es de origen hispanomusulmán pero reconstruida por los repobladores de la zona en los siglos XII y XIII. Sólo se conserva entero un lienzo del muro. Al sur, en el valle del Cedena se observan muros de una antigua fortaleza, pues persisten muros con saeteras. también en las inmediaciones de Malamoneda es de admirar una Necrópolis Medieval de unos 500 metros de longitud y cerca de 100 sepulturas excavadas en granito de forma rústica. El conjunto puede ser visitado durante todo el año.

Castillo de Manzaneque.

MANZANEQUE presume, con razón, de su CASTILLO. Situado al norte del pueblo, frente a la Iglesia Parroquial, fue edificado por el caballero Íñigo de Arévalo a mediados del siglo XV, para defensa de su señorío. Más tarde lo heredaron los Álvarez de Toledo. De planta cuadrilonga, fue realizado en mampostería con tramos de sillería y ladrillo, de aparejo irregular, con las aristas de los ángulos redondeadas. Su aspecto exterior está reconstruido y conservado. El imafronte o fachada principal es un cuerpo ligeramente avanzado con dos torreones o cubos altos y estrechos que flanquean la puerta de entrada y, en lo alto, dos escudos blasonados: el de la izquierda con cinco flores de lis y el de la derecha con cuatro leones cuartelados y bordura con aspas. En la parte oriental del castillo se yergue la torre, que tiene cuatro pisos superpuestos y conserva los ángulos vivos (no redondeados) en la parte superior. Se remata con grupos de merlones triples con piramidones. El interior del castillo permanece en parte desmantelado y muy transformado.

Castillo de Mascaraque.

MASCARAQUE conserva su CASTILLO, restaurado y de espléndida apariencia, como vivo ejemplo de arquitectura militar del siglo XIV, pero de origen árabe. Se sitúa, como el de Manzaneque, junto a la Iglesia Parroquial. Conserva la torre del homenaje y parte del muro norte, restos de otras torres en las esquinas, desmochadas, y un cuerpo cuadrangular hasta media altura. La fábrica es de mampostería con sillares en las esquinas y huecos, adornados con arcos carpaneles y rebajados. Fue la Casa-palacio del famoso comunero toledano Juan de Padilla (ya en el s. XIV era de los Padilla). Más tarde perteneció al Duque de Abrantes y hoy es propiedad del marqués de Navamorcuende.

Torre de Mazarambroz.

La TORRE DE MAZARAMBROZ se encuentra a la entrada de dicho pueblo. Se fecha en los siglos XIV y XV y su función debió ser la defensa de los caminos de los Montes de Toledo. Es de planta cuadrada con tres pisos, rematada por canecillos. Conserva en su interior recias bóvedas de ladrillo. Es propiedad privada.

Mora exhibe con orgullo su CASTILLO DE PEÑAS NEGRAS, ubicado a unos cuatro kilómetros del pueblo, sobre un empinado cerro desde el que se contemplan los más de millón y medio de olivos que conforman el impresionante paisaje moracho. Tiene el castillo 181 metros de largo por 40 de ancho, construido en mampostería con sillería irregular en los ángulos de la torre del homenaje o puerta de acceso. De la ruina general sólo se salvan parte de las torres secundarias, algunas bóvedas de ladrillo y la torre del homenaje. En su lado oriental se aprecia un extenso patio de armas o albacar de 200 metros por 50.

Castillo de Peñas Negras.

Entre la fortaleza propiamente dicha y la muralla exterior se conserva el profundo foso, en la misma roca. Como único acceso primitivo se conserva al norte un estrecho paso que conduce a un arco de medio punto defendido con saeteras. Se cita como existente ya en el siglo X, época de Abderramán III. En el siglo XI pertenecía a la mora Zaida (relacionada con Alfonso VI, a quien facilitará la reconquista de la zona). En 1568 Felipe II desmembró de la Orden de Santiago la villa de Mora y la vendió a don Francisco de Rojas. En este señorío estableció Felipe III el Condado de Mora y más tarde Carlos III lo agregaría a la Grandeza de España.

Castillo de Dos Hermanas.

A unos tres kilómetros de Navahermosa se divisa el CASTILLO DE DOS HERMANAS, viejo castillo roquero emplazado sobre dos cerros o rocas “hermanas”, lo que ha dado origen a una curiosa leyenda: sobre ambos cerros habitan dos hermosas hermanas moriscas que sólo se dejan ver reflejadas en el arroyo de Merlín la mañana de San Juan… Construido en mampostería, de planta rectangular con esquinas redondeadas, tiene una longitud de 49 metros por 2,30 de grosor, siguiendo la configuración del terreno. Existen restos de una barbacana y no se conserva nada de su interior. En el siglo XII ya existía (su origen debe ser árabe) pues en ese siglo lo restauró el caballero Alfonso Téllez, nombrado repoblador del territorio por el rey Alfonso VIII. Fue propiedad del arzobispo de Toledo Jiménez de Rada, del rey Fernando III el Santo, de Alfonso X el Sabio… y residencia de los cuadrilleros de la Hermandad Vieja.

Castillo de Orgaz.

El CASTILLO DE ORGAZ es uno de los más nobles y mejor conservados de la comarca. Fue construido en el siglo XII (aunque hay quien lo fecha en el siglo X, en época árabe califal) y remodelado en los siglos XIV y XV. En él se refugiaron los comuneros en el s. XVI por lo que fue incendiado por las tropas de Carlos V. Hoy es de admirar su fuerte apariencia, objeto de una minuciosa restauración.

Castillo de Orgaz.

De planta cuadrada con torre y ábside circular de la capilla. En cada una de las esquinas y en el centro del muro norte lo embellecen sendas garitas voladas, fabricadas de sillares, con modillones y saeteras. Un arco de medio punto de grandes dovelas (con un escudo en la clave), y flanqueado por columnas, conforma la puerta de acceso. Fue propiedad de Pedro I eel Cruel. En el s. XVI pertenece ya a los Pérez de Guzmán, Condes de Orgaz. Hoy es propiedad privada. y no debemos olvidar los restos que perduran de su primitiva muralla de origen árabe: se trata de dos puertas, el ARCO DE SAN JOSÉ (de medio punto, enmarcado por dos pilares de mampostería) y el ARCO DE BELÉN o DEL SOCORRO (también de medio punto, con matacán en un lado, coronamiento de merlones y totalmente encalado).

Castillo de Montalbán.

El CASTILLO DE MONTALBÁN, en las inmediaciones de San Martín de Montalbán, está vinculado a la historia, la tradición y las leyendas de los Caballeros Templarios en la comarca. Su aspecto sigue siendo uno de los más imponentes de cuantos se pueden admirar en España. Sus murallas cierran unos 15.000 metros cuadrados con un perímetro de 740 metros. Ya existía en su espacio en el siglo XII una fortaleza que el rey Alfonso VII  entregó a los Caballeros Templarios, los cuales la ampliaron y fortificaron, transformándola en el impresionante castillo que aún podemos ver. La estructura original imita un  gran navío, con dos grandes torres albarranas pentagonales en la proa o cabecera y otras dos (cuadradas) en el otro extremo.

Castillo de Montalbán.

Al norte y al oeste rodea a la fortaleza el río Torcón. En el interior sólo se conservan restos de los aljibes y algunos habitáculos en una de las torres. Parece que su función no fue solamente defensiva sino, tal vez, para acoger a los primitivos repobladores de la zona y sus ganados en el siglo XII, en que la comarca era frontera con el Islam (antes de la batalla de las Navas de Tolosa, año 1212).

En Urda, situado entre este pueblo y Los Yébenes, se divisa el CASTILLO DE GUADALERZAS, en una finca en lo alto de un cerro y en un estrecho paso en el camino entre Toledo y Córdoba, junto al río Bracea. En realidad en ese estrecho o pequeño desfiladero existieron dos fortalezas, una de ellas musulmana, de la que sólo se puede ver su planta rectangular con una posible torre… Guadalerzas nació como hospital en la segunda mitad del siglo XII, gracias a la donación de tierras que Alfonso VIII hizo a los Caballeros de la Orden de Calatrava. 

Castillo de Guadalerzas.

El cuerpo central y primigenio es la torre del homenaje, rectangular, que en su momento debió ser la única construcción aislada, a la que más tarde (s. XV) se añadió la muralla con torreones que la bordea y defiende. El aparejo es mampostería, aunque hay zonas elevadas de ladrillo (reconstrucciones) y añadidos encintados. En su interior estaba la gran “Sala” donde eran atendidos los enfermos (heridos) en las escaramuzas constantes de aquellos años finales del siglo XII y primeros del XIII en que la los Montes de Toledo era la gran barrera fronteriza entre Castilla y El Islam. A finales del s. XVI Felipe II vendió el Castillo de Guadalerzas al Cardenal Siliceo, Arzobispo de Toledo, que instaló allí el Colegio de Nobles Doncellas de Toledo, para lo que hubo que disponer la necesaria remodelación, en la que se debieron abrir las grandes ventanas que afean los muros de la torre del homenaje. La Capilla se añadió en 1750 y en ella se dio culto a la Virgen de Finibusterre. Y a finales del s. XIX el interior se acondicionó como vivienda palaciega.

Torre de los Moros.

Ventas con Peña Aguilera conserva LA TORRE DE LOS MOROS, fortaleza de origen árabe reconstruida en el siglo XIII, a un kilómetro y medio del pueblo, en el despoblado de Peña Aguilera. Se trata de una pequeña edificación de planta cuadrada, de trazado parecido al del Castillo de Dos Hermanas, pero mejor conservada. En su interior subsiste una interesante bóveda de medio cañón. No tiene coronamiento ni saledizos. Su finalidad fue la defensa y salvaguarda del camino entre Toledo y Córdoba. En sus inmediaciones existió el poblamiento de Peña Aguilera y aún se aprecia una interesante necrópolis de la época con sepulturas excavadas en la roca, al estilo de las de Malamoneda y Torcón.

Castillos

Raídos, descosidos, saqueados,

deshecha ya su audaz mampostería,

yerguen su desdentada crestería

Torre de los Moros.

estos tristes fantasmas derrumbados.

Ved aquí, pesarosas y fatales,

torres mochas y ciegas atalayas,

piedras que soportaron las batallas

del Islam en los siglos medievales.

El Temple, Calatrava y los osados

monjes soldados de San Juan un día

trazaron la soberbia gallardía

de estos huecos torreones desguazados.

El tiempo los redujo a un sueño vano.

Hoy son vivos emblemas de lo humano.

                                   José María Gómez Gómez.

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