sábado, 24 octubre 2020
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Visitar Talavera de la Reina en un día

Parque de La Alameda, con la plaza de toros y la Basílica del Prado en sus inmediaciones.

Cuando quedan pocos días para que se clausure la magna exposición de cerámica ATEMPORA, a orillas del Padre Tajo Talavera de la Reina nos espera. Ciudad milenaria, su origen se remonta varios siglos antes de la invasión de los romanos.

Cuenta Tito Livio que, en las inmediaciones de la actual Talavera, entonces llamada Ebura de la Carpetania (Ebura Carpetanorum) se dio una decisiva batalla, en que la comarca fue conquistada por los romanos. Esto sucedía el año 182 antes de Cristo. Por entonces, Talavera era un castro celtibérico, poblado por los carpetanos en las inmediaciones de los vettones. Ahí, justamente en el límite se situarían los eburones, habitantes de Ebura (Talavera), en la encrucijada carpetovetónica.

Alcazaba y torre albarrana.

Luego vino la romanización. Talavera se llamó entonces Caesarobriga. Siguió la época hispanovisigoda (siglos VI y VII). Durante los siglos VIII-XI Talavera permaneció bajo el dominio y la cultura musulmana, aunque nunca faltó un importante contingente cristiano entre sus moradores: los mozárabes. En 1083 fue reconquistada por los cristianos, entrando a formar parte del Reino de Castilla.

Busto de Fray Hernando de Talavera.

En 1211 su iglesia principal, Santa María la Mayor, fue elevada al rango de Iglesia Colegial por el arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada, que había venido a Talavera acompañando al rey Alfonso VIII para hacer leva de soldados para la gran batalla contra el Islam que se había de dar al año siguiente en Las Navas de Tolosa.

En el siglo XIV, el rey Alfonso XI, al casarse con doña María de Portugal, hizo donación a ésta de Talavera y su Alfoz (amplísima jurisdicción territorial que abarcaba toda la comarca de la Jara) y el concejo talaverano solicitó a doña María que la villa pasase a denominarse Talavera de la Reina. Años después, en 1369, al subir al trono, Enrique II de Trastamara hizo donación de Talavera y su Alfoz a los arzobispos de Toledo, quienes ejercieron en ella señorío hasta las Cortes de Cádiz de 1812.

Riqueza monumental de Talavera

A lo largo de una historia tan rica y variada, Talavera ha ido atesorando importantes monumentos, que unas veces maltratados y otras reconstruidos han llegado en gran parte hasta nuestros días.

Un recorrido, siquiera fugaz, nos obligaría a arrancar desde la Plaza del Pan, adornada con cerámicas talaveranas. Allí nos espera la Iglesia Colegial de Santa María la Mayor con su rosetón gótico-mudéjar en la fachada.

Nave central de Santa María la Mayor.

Entramos en su recinto y nos sorprende la vistosidad sobria y armónica de sus naves góticas, sus capillas y sacristía repletas de tesoros artísticos, y la reciedumbre de su claustro que custodia los restos de Fernando de Rojas, el genial autor de La Celestina.

Monumento al Padre Juan de Mariana.

En las inmediaciones del Ayuntamiento reparamos en el Monumento al Padre Juan de Mariana, hijo ilustre de nuestra ciudad y gloria de la historiografía española. Su Historia de España y su Tratado sobre el Rey y la Institución Real son escritos imperecederos. Él acuñó la célebre teoría del “tiranicidio”, que no ha perdido actualidad hasta nuestros días y sigue siendo severísimo aviso para malos y tiránicos gobernantes.

A un paso se yergue el Teatro Victoria, con su elegante fachada decorada con cerámicas de Ruiz de Luna, la célebre fábrica que supuso la recuperación de la cerámica artística de Talavera en la primera mitad del siglo XX.

Prácticamente adosada a la Colegial por su lado este, la Casa de los Canónigos  (finales del siglo XIV) enlaza con el Monasterio de Santa Catalina, en su día habitado por frailes jerónimos, y desde 1909 sede de la Fundación San Prudencio. Su monumental iglesia, de estilo renacentista, fue trazada por Alonso de Covarrubias.

La escalera volada y la sacristía redonda, tras la brillante restauración.

Tras su espectacular rehabilitación, es la sede, ya por pocos días, de una parte esencial de la exposicIón ATEMPORA, grandiosa muestra de la alfarería y cerámica artística de Castilla La Mancha.

San Agustín el Viejo, hoy sede del Museo Ruiz de Luna.

Desde allí, adentrándonos por callejuelas de sabor medieval, llegamos hasta el conjunto de monumentos representativos del llamado “barroco en ladrillo”: Iglesia y Convento de las Bernardas  y, a su lado, Iglesia y Convento de San Agustín el Viejo, hoy sede el Museo de Cerámica Talaverana Ruiz de Luna.

‘aTempora Talavera. Seis mil años de cerámica en Castilla-La Mancha’, una exposición irrepetible que cerrará sus puertas el 24 de marzo.

Merece la pena entrar en el Museo y disfrutar de su exposición permanente de objetos de cerámica de Talavera, desde el siglo XVI hasta nuestros días: platos, jarras, orzas, lebrillos… pero también paneles de antiguos retablos y, sobre todo, el soberbio Retablo de Santiago, obra de Ruiz de Luna (año 1917).

Muralla y torres albarranas.

Siguiendo siempre en dirección este, muy cerca están las ruinas de la Alcazaba y las Murallas, en las que destacan las soberbias Torres Albarranas, que remontan su origen al siglo X, época de Abderramán III, reconstruidas en varias ocasiones..

Puente Viejo, sobre el río Tajo.

Frente a ellas, el Padre Tajo se deja atravesar por los remiendos del Puente Viejo, junto al que se eleva un reconstruido Potro de herrar, que nos recuerda que en este espacio y más allá, bordeando la ciudad por el sur y el este, se celebraban las antiguas ferias y mercados de ganado, las más famosas y concurridas de España, desde el siglo XIII.

Los Jardines del Prado, bello pulmón de la Ciudad de la Cerámica.

Siguiendo nuestro rumbo este, hemos llegado a los Jardines del Prado, diseñados y modelados en 1926 con ornamentaciones de cerámica talaverana Ruiz de Luna: soberbia alameda, salpicada de bancos, con la casita de los patos y los urinarios públicos. Reparamos en el Laurel de la Batalla, que conmemora desde 1909 la célebre Batalla de Talavera (1809) contra los franceses., y el Monumento a la Constitución Española, obra del escultor talaverano Víctor González Gil.

Pero lo más emblemático de estos jardines son la Fuente de las Ranas  y el Monumento a Joselito el Gallo, el más célebre torero de la historia, que murió el 16 de mayo de 1920 en la Plaza de Toros que, justo al lado, se yergue señera. Otros bustos de toreros admiramos en sus inmediaciones: el de Morenito de Talavera y el de Gregorio Sánchez, íntimamente unidos a nuestra ciudad y su tradición taurina.

Como apoteosis final de este paseo, nos aguarda majestuosa y colorista, la Basílica de Nuestra Señora del Prado, que preside la imagen de la Patrona de Talavera, Virgen del Prado, tenida entre las devociones más antiguas de España y en cuyo honor se celebran las fiestas bimilenarias de Las Mondas, ofrendas de la comarca que se remontan a la época de los romanos, en que la fiesta era llamada “munda Cereris” (0frendas a la diosa Ceres).

En la Basílica del Prado, tanto en el pórtico como en los zócalos de sus naves y sacristía, son de admirar los más excelentes paneles de cerámica de Talavera que existen.

Friso del Emperador, en el pórtico de la Basílica del Prado.

Fueron realizados a finales del siglo XVI y primer tercio del siglo XVII y son considerados gloria máxima de la cerámica talaverana y “capilla sixtina de la cerámica española”. Sólo por contemplar estas cerámicas merece la pena venir a Talavera.

Talavera de la Reina

Retablo de Santiago (Museo Ruiz de Luna).

Cuando te abruma el sol de la mañana

en los duros calores del estío

o te muerde el ventoso escalofrío

del invierno de cruda tramontana,

no sé si cuerpo real o sombra vana,

acaso un sueño que surgió del río

eres, o el estudioso desvarío

de Rojas, de Loaysa, de Mariana.

El tiempo dispersó tus monumentos.

Desbarató la incuria los cimientos.

Pero tu amor me obliga y exaspera.

Y aunque me duela el alma de pensarte

y me sangren los ojos de mirarte,

te seguiré soñando, Talavera.

            José María Gómez Gómez

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