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viernes, 5 junio 2020
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Ni un tonto más

Cada día estoy más convencido de que en este país -en particular- no cabemos un tonto más. Las redes sociales y demás zarandajas se han convertido en el espacio donde la jactancia de la imbecilidad ha alcanzado límites estratosféricos. Supongo que antes de esta cosa del demonio que es internet, el número de cretinos era similar al de ahora, pero la diferencia es que con las redes universales  y la falta de pudor intelectual ha hecho que todos esos cretinos que antes permanecían agazapados y avergonzados, ahora salgan ufanos y lleguen incluso a convertirse en esa gilipollez que los gilipollas llaman influencers.

Yo nací aún en una época en la que teníamos referentes intelectuales, literarios, sociales y políticos. Donde se iba a las fuentes y no a los sucedáneos en forma de ridículos hashtag. Donde leíamos libros y asistíamos a conferencias en vez de instalarnos en la suficiencia intelectual de un Post hecho viral por una pléyade de descerebrados.  El número de informados y el de desinformados no era muy diferente al de ahora, pero la diferencia  es enorme. Antes los informados  de verdad alcanzaban el conocimiento con esfuerzo, con trabajo y con dedicación, ahora los que se dicen informados de verdad no son más que un émulo del cuñadismo navideño rancio. Es decir, cualquier mentecato se dice informado y lo que es más alucinante, da lecciones de todo a todos.

El acceso total a la  información ha derivado en la forma más eficaz de desinformar.  Millones de tontos opinando, sentando cátedra, creando opinión, liderando masas, es el terrible panorama que tenemos en la actualidad y es el germen de una sociedad que da pavor.

Una sociedad tan ensimismada, imbuida de arrogancia y envuelta en el insensato cortoplacismo solo puede producir monstruos. No  es casualidad el ascenso de personajes tan mediocres y reaccionarios como los que empiezan a liderar la sociedad mundial. Los payasos que servían de comparsa, de correveidiles y que solo servían para dar sombra al botijo, fueron utilizados durante años por los responsables políticos y sociales para hacer el trabajo menudo y como palmeros. Pero algunos empezaron a tener conciencia de que eran muchos y de que podían ser ellos los que mandasen y no los mandados. Poco a poco desplazaron a los líderes de verdad, a los que pensaban, a los que se informaban y se formaban. Contrataron una piara de asesores, de gurús del márquetin y de la propaganda que fueron capaces de transformar a imbéciles integrales en referentes sociales. Y en esas estamos. El panorama es desolador y se antoja muy peligroso. Ojalá me equivoque.

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