domingo, 25 octubre 2020
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Una niña de 10 años de Torrijos se repone de la ameba comecerebros

Piscina climatizada de Torrijos.

Una niña, de 10 años de edad, de Torrijos ha conseguido reponerse al primer caso registrado en España de la llamada ameba comecerebros, según ha adelantado el diario El País. Es una enfermedad mortal en el 97 por ciento de los casos que degrada el cerebro progresivamente. Es más, se calcula que no hay más que una docena de supervivientes en todo el mundo.

Hasta ahora nunca se había dado un caso en España, el primero registrado es el de esta niña, y ha conseguido superarlo. Se contagió en la piscina municipal climatizada de Torrijos y desde entonces esta instalación permanece cerrada.

No obstante, Manuel Tordera, director general de Salud Pública de Castilla La Mancha, ha explicado  que “la piscina pública climatizada de Torrijos cumplía los niveles de cloro y temperatura considerados seguros. Se considera un caso excepcional y bajo estudio del que están pendientes las revistas científicas”.  Tordera pide tranquilidad a la población porque la piscina está cerrada y “el riesgo es nulo”. 

Eso sí, Tordera anuncia que  “cuando acaben las investigaciones, veremos qué medidas adoptar. Quizá haya que modificar la normativa de mantenimiento de estas instalaciones, pero ahora hay que decir a la población que esté tranquila”.

La niña ingresó a finales del pasado mes  marzo en el toledano Hospital Virgen de la Salud con síntomas de meningitis: dolor intenso de cabeza, fiebre y rigidez de cuello. Los primeros análisis descartaron un origen vírico o bacteriano y los médicos se enfrentaron al reto de identificar un patógeno desconocido en España.

Lo lograron en colaboración con el Centro Nacional de Microbiología (CNM) en un difícil proceso en el que también participó el Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Publica de Canarias, de la Universidad de La Laguna, de referencia en este campo.

Manuel Tordera.

“Sorpresa mayúscula”

Los pediatras del centro hospitalario aplicaron el tratamiento de primera elección según la literatura científica: la anfotericina B. Esta molécula, antibiótico y antifúngico administrado por vía endovenosa e itratecal —punción directa al cerebro—, ha sido eficaz en algunos enfermos, aunque el escaso número de casos documentados hace que su uso sea aún experimental y no esté libre de importantes efectos secundarios

“Este diagnóstico supuso una sorpresa mayúscula que obligó a abrir todas las líneas de investigación hasta llegar al foco del contagio”, dice Manuel Tordera. El estudio de contactos —que rastrea la vida de un enfermo en las últimas semanas— reveló que la niña acudía semanalmente a la piscina. “Tomamos muestras del agua y los análisis confirmaron la presencia de la ameba en la pileta pequeña y en la grande”, informa.

La Junta aguarda los resultados de los últimos análisis. “Hemos subido el nivel de cloro hasta 5 partes por millón en el agua nueva. Si confirmamos que la piscina está libre de la ameba, podrá reabrir cuando el cloro baje a los niveles establecidos”, recalca Tordera. “En el futuro, quizá sea necesario subir algo los niveles de cloro y bajar la temperatura”, subraya.

Esta enfermedad –según cuenta El País– fue descubierta en el sur de Australia en 1965, aunque en los últimos años también ha sido identificada en países de América, África y Europa. Este aumento, según José Miguel Cisneros, presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, “no significa que se esté expandiendo, sino que han mejorado los sistemas de detección y la asistencia médica, que ahora describe casos que antes podían pasar desapercibidos”.

Cisneros destaca que “cada caso de supervivencia es un hito histórico, porque permite conocer mejor la ameba y abre la puerta a desarrollar un tratamiento”.

Aunque aún queda mucho por descubrir, se sabe que afecta principalmente a niños y también adultos jóvenes. La ameba se adhiere a las mucosas nasales y, tras ascender por los nervios olfativos, alcanza el cerebro. Allí secreta unas enzimas que degradan los tejidos, provocando primero letargia y dolor de cabeza que luego progresa a convulsiones, parálisis y muerte.

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