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sábado, 6 junio 2020
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Un cuento absurdo

Imagine que tiene hambre y necesita cocinar algo para comer. Como es pronto va a la tienda y elige amorosamente los elementos que necesita para confeccionar su obra maestra: el arroz, las gambas, el pescado etc., así hasta llenar la cesta de todo lo que conforma ese gran plato de la cocina regional española, por desgracia muy mal comprendido tanto fuera como dentro de España.

Ya en su cocina aplica las medidas y los tiempos que aprendió de su madre, su abuela, etc., y dedica la sabiduría necesaria para que tras la acción mágica del fuego, aparezca la sabrosísima y delicada paella. Un triunfo.

Está contento con su trabajo pero, sorprendentemente en una acción absurda y a todas luces irracional lleva su paella a la escalera y ofrece su arroz a los vecinos que pasan por allí. Y la paella se acaba. Como usted no ha comido y sigue con hambre tiene que acudir a un restaurante para comer algo. Decir que usted debería considerarse un ejemplo extremado del absurdo, de lo irracional, de lo insensato, de lo dadá, de lo antieconómico, etc., es normal. Tenía una comida maravillosa pero acaba almorzando en un restaurante.

Esta semana hemos sabido que bastantes pueblos de la cabecera del Tajo tienen que ser abastecidos por camiones cisterna porque los trasvases que el gobierno ha ordenado han sido tantos que a pesar del buen año hidrológico no hay bastante agua para abastecerlos; los embalses están medio vacíos. Es decir, que han tenido el agua a su alcance pero el Gobierno, el mandamás de Agricultura y todos han conseguido que a pesar de haber agua abundante se haya acabado y tengamos que aplicar la medida carísima e incómoda del agua en cisternas. Desvestir a un santo para vestir a otro en este caso, santo murciano.

Es hora de decir basta. Lo malo es que semejante panorama de pesadilla ya ocurrió otros veranos en diversos lugares de la cuenca del Tajo, abastecidos por cisternas porque el agua que les pertenece por pasar al lado de su puerta  la escamotean llevándola a Murcia. No son los murcianos a quienes se abastece con cisternas, lo que sería lógico, es a la gente de aquí, la que vive en la orilla del Tajo.

Y estos de la Junta callan como muertos. Sin levantar la voz, sin decir ni pío. Para quedar bien ante sí mismos y ante los votantes, Page y compañía presentarán el eterno recurso inútil, la demanda perpetua que jamás, a través de los años, ha servido para nada más que para acrecentar la frustración en Castilla-La Mancha y para demostrar que nuestra fuerza en el panorama de la política nacional es cero.

La relación de la realidad con el cuento acaba cuando yo me figuro que el que hace la paella, la reparte voluntariamente  entre sus vecinos, para hacerla más cercana a lo que pasa, debería haber escrito que cuando el cocinero acabó de hacer la paella, llegó un guardia y por orden superior le obligó a repartir el arroz entre todo el mundo. Esa sería la analogía perfecta. Y Page y la compaña ¿No dimitirán en protesta por lo que están haciendo con el Tajo una vez y otra, y otra y siempre?

¿Dimitir Page? Ahora sí que esto es un cuento verdaderamente absurdo.

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