miércoles, 28 octubre 2020

Reglamento diluviano

Aún recuerdo el gran diluvio de 1988 –espero que el amigo MAS no apele a su encomiable rigor y sabiduría en materia de agua y me chafe la licencia-. Era época de spectrum, de casete, de la torre Picasso, Eloise o de Mujeres al borde de un ataque de nervios, esto último lamentablemente vigente por otros motivos, bueno, y Tino. Quedaba casi un decenio para que los ‘picatextos’ encontraran maná en el páramo laboral de nuestra negra y endémica estadística. Entonces llegó la vorágine y en cualquier organismo las teclas echaban humo para empezar a estar presente con todo en el ineludible universo Internet.

Recuerdo la desesperación que me embargaba profesionalmente en esos coletazos del siglo XX cuando por más que buscase contrastar noticias y datos no había forma, salvo en ese mundo subterráneo de las hemerotecas y de los archivos personales, que alguno conservo. Ahora sigo sintiendo algo parecido cuando lo intento en la página del Ayuntamiento de Talavera, quimérica a más no poder y un oráculo indescifrable que no atiende a creencias -de atender sería comprensible en mi caso como devoto buñueliniano-. No es de ahora lo de la web municipal es de siempre, aunque es verdad que en la actualidad un manual de instrucciones no vendría mal. Llámenme tonto, pero en la que están ustedes leyendo ahora mismo hay una lupa en la que con solo poner una palabra salen todos los archivos que la contiene. Estos sevillanos son unos cachondos, no me cabe duda.

Todo esto viene a colación de conocer que el Reglamento de Participación Ciudadana que rige en Talavera data de 1988 y está escrito con Olivetti, de las de entonces. Ya podría estar yo buscándolo –soy así de friki- desde mayo del año pasado cuando se anunció que se iba a reformar, como parecía lógico.  Si algo tan inmovilista como la religión católica se atrevió a cambiar el Padre Nuestro cómo algo tan laico, campechano, aglutinador, beneficioso y democrático -pienso yo, ¿eh?- iba a ser menos.

El caso es que un mes después del anuncio nos despachábamos con que ya teníamos ‘nuevo’ reglamento, el mismo -chachi- que tiene la Federación de Municipios y Provincias, que es española para más señas. Desde entonces ‘nacin de nacin’ y, claro, un grupo municipal ha llevado a pleno este jueves una moción para intentar ponerle roja la cara a la concejala responsable por dejadez de funciones.

He dicho intentar, porque lejos de achantar la mui –perdonen otra vez pero las reminiscencias de un chico de barrio castizo tiene estas cosas y en este caso queda fetén- la suficiencia que da la mayoría hizo aparición en el salón de plenos para dejar claro que la responsabilidad de que el Reglamento casi un año después no se haya ni empezado a “adaptar a la realidad, necesidades y particularidades de Talavera” es de los ciudadanos, en general, y de las asociaciones de vecinos, de los consejos locales y de los partidos políticos en la Oposición, en particular, por no pedirlo ni aportar. Hala. También se dio a entender que estando el Consejo Vecinal, la Oficina de Atención al Ciudadano del Ayuntamiento, la OAC de la Policía Local y las asociaciones de vecinos tampoco es que haga mucha falta un reglamento del siglo XXI específico para Talavera. Halá. 

Entonces, ruego una copia del Olivetti y me pregunto, para qué se anunció. Talavera en marcha… atrás. ¡Ay Encarna, qué tiempos!

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