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domingo, febrero 23, 2020
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Talavera, 11-11-11, por César Pacheco

Por César Pacheco

Mañana el 11-11-11 va a marcar un hito en la historia de Talavera; un hito en el recorrido atemporal de una ciudad que está llena de paradojas y de desconciertos. En determinados momentos la ciudad parece entrar en un proceso de catarsis colectiva que empuja a los más variopintos sectores ciudadanos a confluir en una cierta senda de lucha común. Ha pasado muy pocas veces, y el devenir histórico de Talavera demuestra que su idiosincrasia pequeño-burguesa por una parte, y por otra una base amplia de población trabajadora desestructurada que adolece del mal de la desideologización no ha generado una continuada actitud de defensa de la ciudad y el territorio ante las carencias que sufre.

Desde la instauración democrática Talavera ha sido víctima de males endémicos de diversa naturaleza que se han producido por diversas causas que no detallaremos aquí por no ser el momento. Pero hay que ser honestos para reconocer que mucha responsabilidad del curso que ha seguido la ciudad en las últimas décadas es de la clase empresarial talaverana, por una parte, y la falta de empuje reivindicativo de la masa ciudadana por otra.

Podríamos poner muchos ejemplos en diversos ámbitos como el comercial, el laboral, infraestructuras, situación educativa, sanitaria, o el ámbito cultural y patrimonial para darse cuenta que la vetusta talaverana ha experimentado un adormecimiento a la hora de exigir con contundencia y con responsable eficacia las mejoras necesarias para una ciudad del siglo XXI. Bajo mi punto de vista una de las razones principales es la arraigada mentalidad conservadora del lugar, producto de una burguesía que ya desde el siglo XIX alió a los grandes y medianos propietarios de la tierra, terratenientes, con una pujante clase de empresariado comercial que dio lugar a clanes familiares que funcionaron como catalizadores de presión social ante los centros de poder.

Evidentemente esa presión siempre funcionó en una misma dirección: el enriquecimiento privativo y la adquisición de un patrimonio familiar en el peor sentido, que generó una insolidaridad secular de las clases adineradas con el interés colectivo de la ciudad. De otra manera no se puede explicar que las grandes fortunas de Talavera, de esa clase empresarial que ahora se lamenta de la pérdida del consumo, y de las inversiones en la ciudad, cuando estuvieron en su cénit, disfrutando grandes beneficios y enriquecimiento, esa riqueza no redundó en la ciudad para apostar por infraestructuras o servicios de interés comunitario.

Ese talante fenicio de la Talavera secular que ha llegado hasta nuestros días ha sido el causante de muchos de los problemas que ahora tenemos en la ciudad. Mentalidades del “dinero fácil y rápido” y el “esclavismo” y progresiva pauperización de las clases trabajadoras. Cuando sobrevino el debacle industrial talaverano la falta de un plan B derivó en el desastre socioeconómico y el paro atroz.

De otra parte, una clase política local que no ha sabido, o no ha querido analizar los procesos de la ciudad desde una perspectiva amplia y a largo plazo, aplicando políticas de regeneración del tejido productivo en la ciudad, proceso en el cual era su deber y obligación reclamar y exigir a las administraciones, de una manera contundente, los medios adecuados para el desarrollo sostenible de una localidad que tenía cuerpo de ciudad grande, pero alma de pueblo provinciano y obtuso.

El circo mediático al que nos tienen acostumbrados los gobiernos municipales desde la dictadura franquista nos sitúa en una especie de drama tragicómico berlanguiano, en el que diversos personajes van desfilando en la galería del postureo concejil mientras la madre autonómica deja relegada al rincón de la comunidad, como geográficamente estamos, a un territorio y una ciudad que tiene vocación de provincia independiente. Porque quizá sea esa la maldición de Talavera, el estar situada en una zona de transición entre lo toledano y lo extremeño, demasiado lejos del centro toledano donde el poder de decisión política y económica se mueve.

El desprecio de los gobiernos regionales hacia la realidad talaverana parece rayar la ausencia de interés, el persistente lanzamiento de globos con ideas gaseosas pero irreales, y una enconada dialéctica junta versus ayuntamiento que genera desconcierto y desconfianza en la ciudadanía ante las soluciones políticas. Surge evidentemente la pregunta la reiterada ¿tenemos los políticos que nos merecemos? o ¿es la ciudad la que genera esa clase política inepta, incapaz de solucionar los problemas con unas miras hacia el futuro, y no sólo a corto plazo, y con una mentalidad provinciana, rayando a veces lo chabacano?

Por último, quiero terminar este recorrido de mea culpa colectivo que tenemos que hacernos los talaveranos ante la situación que sufrimos, por señalar la falta de confluencia que se constata secularmente en Talavera. Cualquier movimiento ciudadano que se genera viene ya envenenado por el sectarismo y el recelo consiguiente de los otros sectores que no comulgan al cien por cien con sus postulados. El capillismo y fragmentación del tejido asociativo y la falta de generosidad y tolerancia a la hora de enfocar los problemas produce a nivel local una ineficacia en la reivindicación.

Falta una perspectiva unitaria, que no quiere decir uniformada, pues el pluralismo de ideas y de soluciones es bueno siempre que hay un proceso de intercambio y búsqueda de consenso en los caminos a seguir para la reivindicación. Un cierto cainismo, quizá inherente a nuestro carácter hispano mediterráneo, y una falta de sentimiento de pertenencia a un lugar es lo que negativamente ha influido en este fenómeno. Uno de los retos que Talavera tiene para el futuro es crear sentimiento de vinculación: los vecinos deben sentir la ciudad y el territorio como suyos, inherentemente suyos, y no como un mero lugar de residencia al que le negamos una historia y un futuro.

Quiero creer, y por eso apoyo esta convocatoria del 11-11-11 que estemos ante una nueva era de concordia, entendimiento y confluencia de los diferentes agentes sociales, políticos y económicos de Talavera para apostar por el futuro de la ciudad y su comarca. Pero como todo proceso histórico hay que hacer revisiones profundas de nuestros errores y formas de pensar para enfocar el porvenir sin aplicar viejos remedios ante nuevos tiempos.

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