viernes, 26 febrero 2021

Infantilismos políticos

 

Miguel Angel SanchezLa política es una herramienta para mejorar la sociedad. Podría entrar en consideraciones sobre los conceptos de “herramienta”, “mejorar” y “sociedad”, pero creo que no es necesario. El resto es costumbrismo al que estamos perfectamente acostumbrados en este país desde hace décadas, con las mismas formas y maneras, con los mismos apalancamientos y sumisiones, moldes rotos sólo en apariencia por las nuevas formaciones surgidas por el desgaste de los dos grandes partidos hegemónicos a partir de la crisis económica de la última década, porque la crisis cultural y educativa viene de más lejos, lo de los polvos y lodos, pero eso a nadie importa.

En lo local las cosas son más sencillas. O complejas, porque los conservadurismos tienden a anclar y demorar las soluciones, más en este mediodía peninsular, canicular y castellano. Las formaciones políticas de nuevo cuño como es Ganemos Talavera deben plantearse si rescatar los viejos moldes, o mirar hacia adelante. Mirar hacia adentro, o hacia afuera. Ampliar, o cerrar. Altura de miras u ombliguismo. Un proyecto de estas características que se presenta para una sociedad muy concreta y con el objetivo de “ganar” una ciudad para desde entro de las instituciones cambiar el statu quo, no debería caer en las trampas y luchas intestinas de la vieja política, porque ésta -entre otras cosas- ya las tiene superadas, o las disimula, porque allí lo importante sí es el poder, el sillón, la continuidad de la franquicia política perfectamente engrasada… es decir, que los fines justifican, siempre, los medios.

En el patio del colegio, cuando al equipo del dueño del balón le metían dos o tres goles, se enfadaba, cogía la pelota y se acababa lo que se daba. El infantilimo político tiene estas cosas, que quienes se creen dueños de la pelota y del campo de juego, pueden decidir expulsarte por un quítame allá esas pajas, cohartar tu capacidad de trabajo, o -cuando el inchamiento público y político no les sale bien- llevarse el tablero, la pelota, y lo que les venga bien en gana, porque -según ellos- son los garantes de la pureza, de la virtud, de las sacrosantas leyes del adanismo político, y esas cosas donde los demás somos intrusos.

Estoy con Unamuno en que las aguas puras, sin algo que les de sustancia, producen cretinismo; y con Neruda, en que la vida nos es hacia abajo ni hacia atrás. Y veo que al final se incide en reproducir las viejas formas, con estructuras aparentemente nuevas, un diseño de envoltorio novísmo, donde al final lo que parece que va importando es eso, el envoltorio, la pose, el sencillismo complejísimo atado de pies y manos por el ombliguismo orgánico, las religiones políticas de nuevo cuño que tienden peligrosa y sutilmente a encerrar, nunca a abrir y a ensanchar.

No sé el tiempo que seguiré en política. Pero sí sé para qué estaré. Talavera de la Reina y su comarca necesitan urgentemente trabajo. Mucho. Ingente. Hay que rescatar años de olvido y dejadez. Hay que coser, unir, crear, transformar, ampliar, dotar de personalidad a esta ciudad, de voz, de peso y de futuro. Hay que hablar, convencer, aprender, discutir, abrir e impulsar. Puedo colaborar en ello, poner mi trabajo para contribuir. Pero no me voy a entretener en infantilidades ni navajazos internos. Lo tengo claro, tanto como que nadie es impresindible, yo el primero faltaría más, que el arte es largo y la vida breve. Que cada uno se quede donde quiera, se vaya, o se atrinchere para defender purezas. La vida está ahí afuera. Y también espera, sobre todo, la gente que necesita soluciones. Que a veces tendemos a olvidarlo de tanto mirarnos en el espejo.

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