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lunes, 1 junio 2020
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¿Podemos o no podemos, señorías?

El personal flotante y votante de aquesta región nuestra, conocida en algunos círculos como Castilla-La Plancha, quiso en los comicios autonómicos celebrados este mismo año que los socialistas se resarcieran de su única derrota electoral en estos 32 años de historia autonómica que ya nos hemos merendado: la sufrida en 2011 a manos de Cospedal y sus diferidos cuates.

De esta manera, Jefe Page no sólo implantó de nuevo la bandera roja en el Palacio de Fuensalida, tras ‘pagearse’ hábilmente a los dos diputados de Podemos, sino que se convirtió en el primer presidente sociata que puede culpar de lo que le venga en gana y mejor le cuadre al maestro armero. Oséase, al gobierno pepero anterior.

Ni el incombustible Bono, prueba viviente de lo que yerra esa sentencia que reza que ‘al final todos calvos’, ni el taimado y tapado Barreda pudieron disfrutar, por sucederse sucesivamente a sí mismos, de un recurso exculpatorio sobre los propias decisiones gubernamentales que, ojalá, Page deje de utilizar cuanto antes. Más que nada, porque la puta base está hasta ahí y más allá de que sus derechos y aspiraciones se conviertan en acusatoria moneda de cambio entre la alternativa tribu del poder y, por lo tanto, en puro, duro y negro humo.

Ejemplos mil hay para dar y tomar al respecto en nuestro gran y manchado territorio comanche, aunque el arquetipo por excelencia se vive en Talavera con ese cuento de la lechera del AVE y el nodo logístico que ya acumula décadas de liderazgo en el ranking de la colección ‘vamos a contar mentiras’, aunque no estamos aquí y ahora para confeccionar listas de agravios y sí para exigir coherencia, responsabilidad e implicación gubernamental.

¿Y para qué estas rimbombantes exigencias, se preguntarán en su inocencia alguno de los tres o cuatro que lean esta columna? Pues miren, queridos y nunca bien ponderados componentes de ese reducido cupo, entre otras cosas para dotar a las ciudades y sus consiguientes ciudadanitos de los recursos e infraestructuras necesarias para labrarse su propio futuro.

Y, con la misma, no depender, sempiternamente, de los caprichosos repartos de unos gobiernos empeñados en tenernos cogidos de los ‘oeufs’, que aquí hay nivel francés, con planes, subvenciones, concesiones y similares parches que hacen que hasta el aire que exigimos trece veces por minuto, que escribió Celaya y cantó el gran Paco Ibáñez, dependan del humor o fervor del gobernante de turno.

Aquello tan viejo de gobierno del pueblo y para el pueblo que preconizan, un suponer, los componentes de Podemos. Con lo cual, pregúntoles a los dos diputados que han hecho presidente a Page: señorías ¿podemos, o no podemos?

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